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viernes, 7 de febrero de 2014

"Hay cartas urgentes que llegan cuando ya no hay nadie..." ( Vídeo montaje )



"Hay cartas urgentes que llegan 
cuando ya no hay nadie..."
Rosana


Carta urgente

Hay cosas que te escribo en cartas, para no decirlas...

hay cosas que escribo en canciones, para repetirlas.
Hay cosas que están en mi alma y quedarán contigo
cuando me haya ido...
En todas acabo diciendo cuanto te he querido.

Hay cosas que escribo en la cama

hay cosas que escribo en el aire
hay cosas que siento tan mías
que no son de nadie.

Hay cosas que escribo contigo

hay cosas que sin ti no valen.
Hay cosas y cosas, 
que acaban llegando tan tarde...

Hay cosas que se lleva el tiempo

sabe Dios a dónde.
Hay cosas que siguen ancladas
cuando el tiempo corre.
Hay cosas que están en mi alma 
y quedarán conmigo cuando me haya ido.
En todas acabo sabiendo 
cuanto me has querido.

Hay cosas que escribo en la cama

hay cosas que escribo en el aire.
Hay cosas que siento tan mías
que no son de nadie.
Hay cosas que escribo contigo
y hay cosas que sin ti no valen.
Hay cosas y cosas 
que acaban llegando tan tarde.

Hay cartas urgentes que llegan

cuando ya no hay nadie...

Rosana


lunes, 3 de febrero de 2014

Carta Urgente al Ayer...



Córdoba, vista desde el Alcázar de los Reyes Católicos
He de decirte Adiós sin más preámbulos. 
He de decir, mi VALGO y vivir mi utopía. He de morir en prosa, mi poesía. Porque hoy no quedan rimas, ni adjetivos. Apenas un mal sueño; un descansar de ti, un nuevo despertar, aquí sola en el aire…

He de escribir un antes y un después en esta primavera…
Quizás me he acostumbrado a estar de paso, en el color más niño de tu sueño. En un proyecto tuyo a corto plazo, en un vacuo silencio... 
En tu sonrisa abierta o en tu vientre de lana.

Quizás me he acostumbrado, demasiado. A andar lento y pausado. A ser contigo un mero intento, de otra que no soy yo... 
A despertar casi coja o descalza. A las noches vacías de calma y a los besos de esponja en tu boca.
Quizás será que pido demasiado, pero lo mismo doy. Mi amor mira muy alto y no se halla tus ojos...

Tal vez, hoy sea un charco; un espejito roto de otra experiencia o vida. Una cuenta pendiente con el dios de los astros o contigo y conmigo...

No digas que soy una poetisa, tampoco un Avefría, ni una blanca paloma. 
Soy un verbo aprendiz en erupción... 

Tan sólo soy mi alma de mujer, una mujer adrede y en el feroz intento de si misma. Y hoy está mi herida y hoy vive la niña y la mujer que ha dudado de ti.

Lo siento… Ahora ya no estás en lo que busco. Tampoco en lo que vibra, no vas en lo que vuela; en eso que libera el puto riesgo, de anclar el corazón. De hacerlo patrimonio del pasado, haciendo responsables a los otros del unísono error.

Estás en otro sino, en otra impronta en vida, en otra letanía, en otra vibración. En otra onda herida o acaso algo vencida. No sé yo...

Pero vive tranquilo, porque tampoco estás en mi llanto, ni en lo que ha de llorarme a mí mañana...

He visto como arrastras sobre hombros los surcos del pasado. No sé si a día de hoy, te sirve... 
Tal vez toca crecer y hallarse libre. Creerse y Re-Crearse a uno mismo en lo posible. Dejar para otro tiempo el abandono; esa cansina aptitud negativa, de andar por la vida de menos cuatro en alza. (De menos cuatro elevado a la quinta potencia de ti mismo, con perdón...)
Yo sí, creo en la magia. Me vibro y vuelo en ella. La doy como la siento. 

Siempre he buscado un amor, que no sepa romperse con la vida o la herida. Que no infrinja el azul; la luz de los sentidos. Que se escriba con alas y con alma, que se escriba desnudo y sin palabras. Que cese en la arrogancia, que vibre con el mundo y respire conmigo en positivísima voz...

Siento mucho cansancio, si pienso en todo esto, al escribirte. 

Tal vez, ese ha sido mi mayor desvelo. Mi témpano latente, antes de levantarme al despuntar el alba... Lo que ha hecho, que salte de la cama y me ponga escribir, palabras como estas que nos lean e intenten tanto a ti como a mí...

Lo siento, si es que piensas… Que has perdido conmigo tu tiempo almidonado. 

Lo siento por la espera; por no poder estar hoy en nosotros, como no lo estás tú...
Tú sabes que no estás en lo que guardas y ofreces. O si estás; no es un buen amor, lo que nombra tu boca cuando habla de nosotros.

Cuando acudes a otras borlas, a otras fantasías y provocas. Provocas, tentador...

Tal vez tan sólo sea, que andas preparando tus próximos intentos, tu terreno. Porque hace tiempo que intuyes, en mí, estas palabras...

Quizás buscas en ellas, un mundo que salvar (en vez de hacer tu intento en salvarte a ti mismo, para ofrecerte más limpio y verdadero) 

Te adornas, vas de tierno, te creces mientras sueñas con esas dulces presas, como yo, que han de hacerte vibrar de nuevo en el aire y no sentirte a solas en esa mendiga soledad. Y no vivir temblor, ni frío, frente al pavor de las horas que pasan, sin que avances a ti mismo...

Querido hombre niño, pequeño laberinto de causas y percances... 
Hoy me dicta Febrero: que he de hallarme libre. 
¡ Libre y feroz de ti...! 

¡Qué no me quede aquí, para este vano intento de amor-falso-consuelo!

Me voy a lo que es mío: a nombrarme en el agua y en la entraña, en lo que llevo por dentro, en lo que he heredado tan vivo, de mi gente del sur. 

Me quedo en lo que tengo y hoy puede abrazarme. En lo que siento aquí dentro, en lo que vivo o vibro y soy... 
En esta hegemonía, de intento y corazón desnudo al aire.
Seguramente duermo y lo admito, también cien mil errores. Pero sólo intento ser un Ser honesto, sencillo y transparente, en mi estar con los otros.

Un ser, con su mano de árbol, con su alma de aire y una entrega que Dar. Un camino del Tao pendiente de estrenar... Un mundo al que no siempre acuden mis iguales...

Tantas veces han bebido de mí; me han gastado y maltrecho…
Me han enmarañado en un jodido ovillo. Me han herido. 
Me han roto en mil pedazos la risa y la poesía...

He tenido que regresar al vuelco de mi Sur y mi vientre, para ponerlo todo a punta de boca o bala en esta pluma. Para escribirlo y partir con la cabeza hacia arriba, hacia otra libertad que hoy es mía. 
Hacia otra primavera o dinastía... A un nuevo compromiso conmigo y la fe de mí...

¡ Qué ya empiezan los tientos en el aire !
 ¡ Qué casi huele dulce la flor del blanco almendro, aquí en el río de la sangre...!

Ahí está mi fuerza y mi linaje; mi gran aprendizaje. Mi camino sin cuerdas, mi tan sencillo: Soy...

Dices que soy “una optimista del tiempo". Qué coño, ¡Claro que lo soy!

Cómo no serlo... ¡Si el mundo se agota lentamente y el alma tiene prisa y parece que busque, un manual de emergencia para estallar y sentirse pura y libre...!

El espíritu humano, precisa urgentemente: un pensamiento Universal en positivo, una luz al Sí puedo, al Sí quiero. Un sueño verdadero de estar despierto en esta vida, para que no sean los días los que pasen sin cauce por la sangre y la carne del hombre...

Querido amor perdido... Me voy para Vivir. Para vibrar en el aire y lograr subsanar mi Puedo y mi Ternura.

Será mi aprendizaje: dejar la puerta abierta. Pedirte que no vuelvas, jamás. 

Qué vueles con tus alas. Qué incites a tu magia o al duende de tu vida, cada vez que te sientas perdido o cansado.
Qué preguntes a otras; si quieren un abrazo de los tuyos; un beso de los tuyos... Tus ramas enredadas en su cama...

Un día, sé que podrás llorar mi risa, o tal vez... reirás frente a tus propias lágrimas. 

Quizás Boabdil, el último califa de Granada, podrá decir que él perdió bastante o mucho más que tú... 

Tendrás algún recuerdo, alguna foto nuestra con sonrisas... Algún poema roto contra el viento, donde vuelva tu nombre y yo no...
Podrás decir al mundo: que te soñó en el verso, la boca de una loca anacoreta. Mujer, niña o poeta...
Podrás decir a todos, que yo: no duermo, en la herida. 

Que vivo en otro sueño liberada. 
Que vuelvo a ser el ala, la rama y la poesía: 

que ME ESCRIBO EN EL AIRE
Y ME VIVO, SIN TI...


"Mujer de aire" / Mayde Molina






(para el cuadro mediano, de 20x20 pixeles)

miércoles, 12 de mayo de 2010

Cartas a María




Cartas a María…


Corriendo con lobos

Tú lo sabes abuela…
Yo era pequeña, etérea, soñaba que volaba, siempre soñaba que volaba, hasta despierta muchísimas veces me creía que volaba. Y así tú me llamabas la "niña de aire…"
Fui rebelde, cuando la vida no me había enseñado aún a ser rebelde y fui una gran soñadora, alma soñadora y fantasiosa y los sueños aún no habían tenido tiempo de soñarme a mí, a mis mundos y a mi niña de aire creciéndome dentro.
Era sólo una chiquilla, llena de rizos y de pecas, una niña esponja que se bebía el mundo con sus ganas de saber y tú me decías que era de "carne y de cielo" y a mi me daba la risa y entonces te enfadabas bastante y sostenías muy seria el dedo señalándome, justo ahí en medio del pecho, para decirme que había en mí un cachito de cielo, un cachito de Dios, uno de esos pedacitos que él había repartido por el mundo entre las gentes y que no lo olvidara nunca, nunca…
Yo tenía entonces mis alas, tú me las pintabas cada tarde a la sombra de las parra, junto al romero, debajo de la higuera.
Me hiciste ser libertaria en todo lo que hacía y me enseñaste a ver lo que tú llamabas “los estigmas del alma” en las personas, y eso era ver su luz o su sombra reflejada en el fondo de los ojos.
Y así fue como aprendí a ver quien era bueno y quien no me gustaba nada, sólo con mirarlos, con sostenerles al temple la mirada…
Era tan niña que no comprendía aún sus “pros” ni sus “contras”, no entendía absolutamente nada de sus interrogantes o espesas palabras, solo veía el estigma que llevaban y cerraba los ojos, los oídos y los puños…
Entonces abría las alas y me iba para no me distraerme de lo verdaderamente importante, que entonces era soñar, jugar y aprender a tu lado.
Y comer chocolate y almendras garrapiñadas al caer la tarde...

Todo lo demás, quedaba aparte y tú lo sabes abuela. Era un aparte gigantesco, que no me importaba nada, que no afectaba a mi mundo niña en lo más mínimo.
El día que te marchaste y mi realidad se puso del revés…caí en ese un punto cero sin retorno, sin respuestas, ni esquemas, ni razones y con demasiadas preguntas…

No pude entender a ese buen Dios tuyo que de tan egoísta que era, te arrancaba de mi lado para llevarte hasta un cielo, un cielo en el que yo ya jamás podría volver a verte.
Era libertaría, tú me habías enseñado a serlo. A tener voluntad propia, a decidir mi vida. Así que decidí no creer más en tu buen Dios del amor. Iba a ser atea, aunque a ti no te gustara, aunque a él no le gustara, aunque solamente tuviera 9 años y mi madre me diera un cachete cada vez que le decía que no quería ir a las misas y así rezar junto a ella por tu alma. ¿Alma? ¿Qué alma ni que carajo? Si tú ya no estabas a mi lado, protestaba llorando de rabia...
Perdóname abuela, tú fuiste la primera muerte de mi infancia y siendo uno niño no está preparado nunca para perderse el privilegio de tener un ángel guardando sus espaldas y sus sueños.

Aún así, sabes que traté de seguir soñando, siempre soñando y de recordar en cada duerme vela tus palabras.
Sin darme a penas cuenta, se me cambió aquel cuerpo pequeño de niña y el color de mis mundos detrás de los espejos se llenó de agujeros, por los que de tanto en tanto, se me colaban personas que no me gustaban nada, ni por sus ojos, ni por sus formas, pero eran poderosas y yo de aire y me pesaban, me dominaban, y me apesumbraban intensamente, porque arrastraban consigo tantos pros y tantos contras, tantas cosas que ya no debían, “según ellos”, dejar de hacerse, o dejarse aparte porque eran súper-importantes… aunque no quedase tiempo para soñar ni para ser siquiera lo que uno mismo era.
Empecé a hacer las cosas súper importantes que todo el mundo hacía, porque ya no era una niña, porque ya era una mujer, porque tenía que ganarme la vida y el pan, pero sobre todo porque había decidido ser atea.

Y no quise darme cuenta de todo lo espantoso que llegaba a ser aquello, que me estaba haciendo un alma demasiado densa, que ponía vendas ciegas sobre mis ojos ciegos, que ya no me revelaba contra nada, ni contra nadie, que se torcían mis alas y aún teniendo muchas razones para volar, no sabía o olvidaba cómo diablos hacerlo.
Ya nadie me dejaba "ser", nadie me dejaba ser yo misma, porque yo me había hecho un corazón cobarde a la medida perfecta de la moda de los tiempos.
Me levanté una mañana trastornada... comprendí que aquello si no me movía, si yo no lo movía, si no lanzaba al abismo mis errores, mi arrastre por el mundo de los síes y del conformismo, nada cambiaría jamás.

Había que ser huracán y ser cómo el huracán o quedarse como brisa suave y permanente enredada cual danza entre las sombras del mismo círculo vicioso, siempre el mismo círculo amargo de querer y no poder.

Había que salvarse de ser cordero, dejar atrás el pellejo algodonoso y empezar a correr junto a los lobos. Tenía que aullarle a esas noches desgarradas y atreverme al fin a ser yo con todo el peso de mi alma y a beber de la vida con la intesidad necesaria de cada momento.
Entonces abuela, fue cuando me demudé de aquella piel de cordero que ya no sentía mía y empecé a ser loba para correr junto a ellos, para volver a ser rebelde, niña, mujer valiente y libre.
Y con mi primer cachorro entre los brazos, abuela... (Y pensar que ahora ya tiene 15 años, que si lo vieras tiene tus mismos ojos y tu risa, y que me hace sentir cómo extraña pensando que has vuelto ahí mismo, camuflada en su piel de niño para alumbrar de nuevo mi camino) Ha sido con él abuela, con quien empecé a creer de nuevo en la magia maravillosa que tú me contabas que existía, en la fuerza arrolladora que tiene la vida y en los cachitos de cielo que todos llevamos dentro, que mi hijo lleva dentro y le asoma como un bello estigma por los ojos.
…. Nunca es tarde abuela, nunca es tarde…ahora vuelvo a ser rebelde, corro con los lobos y ha regresado hasta mi corazón tu buen Dios del amor.

Mayde Molina




Imagen "golondrinas" de Teresa Salvador, "Fábulas" en Flickr: http://www.flickr.com/photos/teresafabulas/4514056421/sizes/o/

viernes, 2 de abril de 2010

Cartas a Claudia / Cartes a Clàudia...



Claudia, te quiero.

No te lo había dicho nunca…
Ni en verano cuando te veía pasear con aquel sombrero azul, cerca del mar. 
Ni en otoño cuando volvías hacia casa por el camino más largo y cogías algunas hojas del suelo, para ponerlas entre los libros que ya no las dejarían volver a volar nunca.
Ni luego, cuando llegaba el largo invierno y el frío y te iba a ver a casa y te encontraba con dos pares de calcetines puestos, acurrucada delante del fuego y tus ojos melancólicos se hacían silencio, mientras tus pensamientos debían estar volando mucho más allá, acariciando cualquier sueño...
Tampoco te lo había dicho (que te quería mucho), cuando llegaba la primavera y yo veía dichoso tus mejillas encendiéndose igual que un par de amapolas y tus ojos se ponían brillantes frente a los míos, que trataban inútilmente de adivinar tus mundos de fábula.
Y después de esperar que yo te dijera alguna cosa en vano, tú entornabas triste tus ojos tan brillantes y te ibas campo a través, mientras yo seguía tus pasos y veía como te quitabas las sandalias para caminar descalza… 
Y casi te perdías de mi vista, como huyendo de mí, y te veía a lo lejos, saltando igual que una mallarenga pequeñita, sintiendo la hierba mojada y fresca bajo tus pies.

Aun no sé porque no te dije nunca que te quería tanto y ahora ya no sé si es demasiado tarde, o tal vez aun esté a tiempo, Claudia.

Ayer cuando vi que llevabas un anillo en la mano y estabas más linda que nunca, me sentí confuso y extraño…

Ibas tan despistada que si no llego a decirte nada, ni siquiera me hubieses visto.
Volvías a tener aquellos ojos brillando y las mejillas completamente encendidas.

Entonces tuviste que explicármelo todo, Claudia.
Que te habías enamorado de un pintor, que te leía “Platero y yo”, como yo mismo hacía. Que miraba las cosas que tú escribías y que se llamaba Álvaro y te hacía muy feliz porque siempre creía en ti y en tus sueños.

Y yo... me quedé mudo y no pude ni sonreírte con lo guapa que estabas allí plantada frente a mí, hablándome...
Yo también creía en ti, pequeña. Más de lo que he creído nunca en nadie, aunque no te lo dijera y me callara cada palabra por miedo a perderte.
Hoy que ya no tengo nada que perder, ahora que tal vez ya no esperes que sea capaz de decir nada, te estoy escribiendo todas las cosas que siempre quise decirte, aquí en esta carta.

 Claudia, quiero que sepas que aún me río en silencio, cuando recuerdo como casi siempre se te acababan quemando las palomitas y que he caminado persiguiendo tu imagen cada tarde de lluvia, mientras miraba por la ventana perdido en las nostalgias de nuestras infancias.

¿Sabes? Al final he conseguido ver los azules aquellos que tú me decías que hacían el mar de Cadaqués tan y tan especialmente hermoso.
Y ya he aprendí a ver la noche morir en un sólo instante y contemplar, tal como tú me habías explicado; que el día siempre empieza con una luz mágica y soñadora incluso aquí, en las ciudades húmedas.

Y te he imaginado revisando los poemas que habrías escrito por la noche, con aquella cara de sueño, antes de marcharte hacia el trabajo… Y también te he pensado más de mil veces; te he soñado con tu rostro de alegría o de asombro que pondrías; cuando yo, finalmente, me hubiese encontrado contigo en aquel bar que nos gustaba, para decirte aquello que tú querías oír.
Mañana cuando leas esta carta Claudia, quiero que entiendas que yo siempre te estaré queriendo aunque no sea capaz de decírtelo con las palabras que él te lo debe estar diciendo ahora.
Y no quiero que nunca más vuelvas a tener miedo a la oscuridad o a las tormentas aquellas con truenos y relámpagos que hacían que te abrazases a mí tan fuerte.

Y si puede ser Claudia, quiero que no estés triste por mí, ni porque eche tanto de menos tu voz risueña, como cuando regresábamos de la escuela y yo te acompañaba hasta tu casa en silencio.
Pero no quiero que él te llame “Clau” como lo hacía yo, ni que te lea “Platero”, ni que te dibuje posando desnuda y no sepa plasmar el color de tus mejillas cuando se encienden…
Pero lo que sí que quiero Claudia, es que si alguna vez ese Álvaro hace que tus ojos se llenen de lluvia, como te pasó aquel día cuando teníamos solamente doce años… Entonces quiero que me llames sin dudarlo, porque vendré a buscarte.


Y te daré un abrazo tan fuerte como cuando perdiste una sandalia en el río, para que no llores por él y entonces cuando estés más calmada, te diré todas las cosas que te tenía que haber dicho aquella tarde al despedirnos delante del portal de tu casa, cuando tú me besaste en los labios y yo me quedé mudo hasta ahora.
Pero si eso no sucede nunca, Claudia, si de verdad él te hace feliz, entonces quiero que te olvides de esta carta.

Y sólo si algún día te sientes sola y no está allí para acompañarte, me gustaría que la cogieses y leyeses este último trocito en voz alta…
Y te imagines que soy yo el que te la está leyendo, feliz ahora, no como cuando éramos jóvenes y protestaba a cada momento para que no te dieses cuenta de que ya por aquella época te quería con locura.

…Y ahora lee, Claudia:



PLATERO es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.


Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… 
Lo llamo, dulcemente: ¿Platero? y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé que cascabeleo ideal.


Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas, mandarinas, las uvas moscatel, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel…


Es tierno y mimoso, igual que un niño, que una niña… pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:


_Tien´asero…


Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo


“Platero y yo”
            Juan Ramón Jiménez

           
           Te quiero, Claudia…

           Tu amigo, Marcos
********************************************************************

Cartes a Clàudia

Clàudia, t’estimo.

No t’ho havia dit mai encara...
Ni al estiu quan et veia passejar amb aquell barret blau a la vora del mar, ni a la tardor quan tornaves cap a casa pel camí més llarg i agafaves algunes fulles del terra per ficar-les entre les pàgines dels llibres que ja no les deixarien volar mai mes.
Ni després, quan ja arribava el llarg hivern i el fred, i t’anava a veure a casa i et trobava amb dos parell de mitjons posats, acurrucada davant el foc, i els teus ulls melancòlics es feien silenci mentre els teus pensaments devien estar volant molt mes enllà acaronant quelcom somni.

Tampoc no t’ho havia dit, que t’estimava molt, quan arribava la primavera i jo veia joiós les teves galtes encenent-se com que dues roselles, i els teus ulls fent-se brillants davant els meus ulls que tractàvem inútilment d’endevinar els teus mons de faula...


I després d’esperar que jo et digues alguna cosa en va, tu aclucaves trista aquells ulls brillants i marxaves camp enllà i jo veia, mentre seguia les teves passes, com et treies les sandàlies per caminar descalça... I quasi et perdies de la meva vista, i veia com saltaves, com fugint de mi, com una mallerenga petita que sent l’herba mullada i fresca als peus.
Jo encara no se perquè no et vaig dir mai que t’estimava tant, i ara ja no se si es massa tard o potser encara no ho sigui del tot... Clàudia.

Ahir quan et vaig veure, portaves un anell a la mà, i estaves mes bonica que mai, en vaig sentir confós i estrany.
Anaves tant despistada que si no t’arribo a dir res tu ni tan sols m´haguesis vist a mi.

Tornaves a tenir aquells ullets brillants i les galtes ben enceses.
Llavors m’ho vas haver d’explicar tot, Clàudia...
Que t’havies enamorat d’un pintor, que et llegia “Platero i jo” com jo feia, que es mirava les coses que tu escrivies, i que es deia Àlvar i et feia molt feliç perquè creia sempre amb tu.


I jo en vaig quedar mut, i no vaig puguer ni somriure’t amb lo bonica que estaves allà plantada davant meu parlant.
Jo també creia amb tu nina, mes del que he cregut mai amb ningú, encara que no t’ho digues i en callés cada paraula per por a perdre’t.

Avui que ja no tinc res perdre, ara que potser ja no esperes que sigui capaç de dir res mes, t’escriuré totes les coses que sempre volia dir-te en aquesta carta Clàudia...

Vull que sàpigues que encara ric en silenci quan me’n recordo com quasi sempre se’t cremant les crispetes, i que he caminat perseguint la teva imatge cada tarda de pluja, mentre mirava per la finestra, perdut en les nostàlgies de la nostra infantessa.

Saps? Al final he aconseguit veure els blaus aquells que tu deies que fèiem la mar de Cadaqués tan i tant especialment bonica.
I ja he après també a veure la nit morir en un instant, i contemplar com tu m’havies explicat que el dia sempre comença amb una llum màgica i encisadora fins i tot aquí a les ciutats humides.

I te imaginat revisant els poemes que havies escrit la nit abans amb aquella carona de son, abans de marxar cap a la feina…I te pensat també somiant la cara de joia o d’espant que haguessis posat anys enrere, quan jo finalment m’hagués trobat amb tu en aquell bar que ens agradava per dir-te allò que tu volies sentir.
Demà quan llegeixis aquesta carta, Clàudia vull que entenguis que jo sempre estaré estimant-te encara que no sigui capaç de dir-ho amb les paraules que ell t’ho deu estar dient ara.

I no vull que tinguis mai més por de la foscor o de les turmentes aquelles amb trons i llamps que feien que t’abrasessis a mi tant fort.
I si pot ser Clàudia, vull que no estiguis trista per mi, ni perquè trobi a faltat tant la teva veu riallera, com quan tornàvem de l’escola caminant i jo t’acompanyava fins a casa teva en silenci.

Jo no vull que ell et digui “Clau” com jo feia, ni que et llegeixi el Platero quan estiguis nostàlgica, ni que et pinti posant nua i no sàpiga plasmar el color de les teves galtes quan s’encenen...
Però el que si que vull Clàudia; es que si mai l´Àlvar fa que els teus ulls s’omplin de pluja, com a aquell dia davant de casa teva quan tenien només dotze anys... llavors vull que en truquis sense dubtar-ho, perquè et vindre a veure.
I
et faré una abraçada tant forta com quan tu vas perdre una sandàlia al riu, perquè no ploris mes per ell, i quan estiguis mes calmada, et diré totes les coses que t’havia hagut de dir aquella tarda quan en acomiadar-nos davant de casa teva tu en vas besar als llavis i jo en vaig quedar mut fins ara.

Però si això no succeeix mai, Clàudia, si de veritat ell et fa feliç llavors vull que t’oblidis d´ aquesta carta...

I només si un dia et sens sola i no està allà per acompanyar-te, m’agradaria que l’agafis i llegeixis aquets últim trosset amb veu alta...
I que llavors t’imaginis que soc jo qui te l’està llegint, feliç ara, no com quan érem joves i jo rondinava tant en fer-ho perquè tu no t adonguessis compte de que ja en aquella època t’estimava amb boixaria.

....I ara llegeix Clàudia:


PLATERO es petit, pelut i suau; tan tou per fora, que es diria que es tot de cotó, que no porta ossos.. Solsament els miralls atzabeja dels seus ulls son durs com dos escarabats de cristall negre.


El deixo solt, i sen va al prat i acarona tèbiament amb el seu musell, quasi fregant-les, les floretes roses, blaves i granes... El crido dolçament: Platero? i ve fins a mi amb un trot tant alegre que sembla que rigui, en no se quin cascavelleig ideal...


Menja tot el que li dono. Li agraden les taronges, les mandarines, el raïm moscatell, totes d’àmbar, les figues morades, amb la seva cristal·lina goteta de mel...


Es tendre i mimós igual que un nen, que una nena...; però fort i sec per dins, com de pedra. Quan passejo a sobre d´ ell, els diumenges, pels últims carrerons del poble, els homes del camp, vestits de net i calmosos, es queden mirant-lo:


_Tien´asero...


Te acer. Acer i plata de lluna, al mateix temps.




“Platero i Jo”
Juan Ramón Jiménez


T’estimo, Clàudia...


El teu amic Marc

mayde molina
Imágen de árbol con nieve de: Josep Tomàs

del álbum "Mura-Montcau" de flickr
http://www.flickr.com/photos/thundershead/3263614694/in/set-72157613457019167/