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jueves, 4 de noviembre de 2010

EL EMPERADOR (Relato...historias, pensamientos)



El emperador


Si tú supieras…
Tengo las palabras más bonitas,  las que nunca se han dicho, las que jamás se han escrito, las que aún no has oído, guardadas para ti.
Para cuando tú me ames.
Para cuando tú,  me ames pájaro del viento,  lucero de la noche,  calidoscopio de colores bailándonos sueño a sueño… En el agua, en la piel, en el fuego, en el aire, en la tierra… Sí, ya lo sé, que he dicho tierra,  en la tierra, esa tierra que nos puede, esta tierra en que buscamos paso a paso ser y estar siendo, soñar y obtener el sueño, pedir y alcanzar lo que queremos. Como cuando éramos niños, como cuando yo era niña, y soñaba fantasía y tenía fantasía, o pedía amor y amor me daban.
Amor de corazón, de sin palabras. Porque el amor, no necesita de las palabras para sostenerse, él es el fuego del corazón y con eso le sobra y le basta.  Lo mismo que amar es el verbo que más fuego contiene y el que más vivo está siempre.

Y el otro día, ahora lo recuerdo, me hicieron estudiar en clases de medicina china, que el corazón es “El Emperador”, el emperador de los órganos de todo nuestro cuerpo. Es el emperador que reside en su trono, perfectamente protegido, es el que a todos los demás alimenta, porque sin él no hay cauce de sangre y nada se nutriría como es debido.
Porque eso es  él,  el que da la vida al resto de la carne. El cerebro, es sólo un ordeno y mando, un órgano-máquina, emisor de señales, pero no es él, el que riega, él que inunda, el que alimenta, solamente es el que se rige por estímulos.
Por eso el amor está en el corazón, aunque a veces lleguemos a pensar que está en la cabeza, que amor es mente y no corazón.
Pero no es así, porque amar, cuando se ama de verdad, reside en el corazón y por eso  también está circulando por la sangre, en la sangre que brota a mares del "emperador" para abarcarlo todo en su cauce.
Y el corazón, imagínate,  no huela a nada, a nada más que río caudaloso y a sangre pura y viva. No puede oler a nada más que a eso.  
Y ya lo sabemos, la sangre está en todas partes, hasta en la más minúscula porción de nuestro cuerpo hay sangre,  más o menos enriquecida por la energía vital de nuestras células, más o menos pura por las toxicidades en las que nos podamos ver envueltos, pero siempre, al fin y al cabo, sangre corriendo a ríos de venas y arterias por nosotros.

Y el amor es la energía vital, la energía del cielo, la energía de la vida. Es la energía primaria, la  que nos hace ser, que nos hizo nacer.
Por eso el amor es tan importante, porque llevamos su energía en la memoria más antigua de cada una de nuestras células. Por eso seguimos toda la vida buscando amor, necesitando amor, y es por esa misma razón, que la gente enamorada está mucho más hermosa que el resto de mortales.
Uno puede ver que tienen los ojos más brillantes, que sonríen por nada, por cualquier cosa, que casi se les escapan estrellas de los ojos cuando te están mirando. Y todo eso les sucede por qué están inundados de sangre de amor, de energía a raudales de amor, llegando a cada célula de su cuerpo y transpirando por su piel desde dentro hacia fuera. Por eso podemos verlo, porque el amor, cuando es amor, sale hacia a fuera, es imposible poder contenerlo.
Por eso mismo también, los que no aman, los que nada sienten, los que se han hecho un camino apartándose del amor, están más amarillentos, enferman más,  están más grises, más tristes. 
Y todo y solamente es, porque les falta amor, porque a sus células les falta la intensidad del rojo, les falta la sangre viva, viviendo viva. Su fuego cuece lento, está casi apagado, es casi imperceptible…


En cambio cuando amamos con el corazón, él se encarga de inundar de amor todo el cuerpo a ríos y caudales de células rojas, que son las que contienen el aire que el amor necesita para respirar un poco, las células de la sangre cobijan libremente entre sus huecos; rojo, plasma, aire, y en ellas circula la fuerza incontenible del amor.
Y cuando eso sucede, el amor también se instala en el cerebro, en el alma, en la piel y entonces es cuando nos soñamos, cuando nos ansiamos, cuando nos imaginamos en cada situación en que aún tal vez nos desconocemos.
Y nos imaginamos al detalle y con precisión. Nos imaginamos amándonos, haciéndonos el amor, cuerpo a cuerpo y beso a beso, en cualquier forma humana, deshaciéndonos de amor en una cama, en una playa, en lo alto de una cima, en la ducha, en el sofá, en cualquier lugar posible e imaginable, porque el amor, cabe en cualquier lugar y en todos los momentos y lugares del mundo…
De día, de noche, al tras luz de la tarde, al viento de las estrellas, al susurro del alba, en cualquier momento vale, porque el amor, siempre esta predispuesto para hacerse verbo vivo, para hacerse manifiesto, para brotarse en sangre e inundarlo todo.

Yo estoy inundada de amor, siempre lo he estado, desde niña. Porque nací de un amor muy grande. Eso soy y a eso he venido, a cumplir los designios del fuego de corazón. Por eso soy de aire, para encender y avivar el fuego del amor, por eso amo, por eso sueño que amo cuando no amo, por eso escribo amor, por eso soy  y vibro amor.
Y por todo eso,  ahora que es noviembre y empieza a hacer ya frío, sigo escribiendo al amor. Porque el amor sigue vivo en el aire, sigue vivo en los pulmones, que llenan de huequitos de aire los espacios necesarios en la sangre.
Por eso es posible la metáfora: "llevar primaveras dentro del pecho, como flores perennes que nunca mueren", aún en noviembre y hasta en diciembre y en enero.

Y como tú, ya me has rodado por la sangre, yo ya he podido inundarme de mi propia sangre deseando amarte, por eso es  que ya puedo imaginarnos a ti y a mí, aunque aún no lo seamos, amor de sangre, amor de Emperador, amor de estar en un trono inundándolo todo a ríos de sangre viva, a amor de fuego de corazón. 


"mujer de aire"



 *Este texto está inspirado en textos de medicina china “los 5 elementos, los 5 movimientos”. Trataré de ir escribiendo uno a uno, con los órganos y las emociones que le corresponde a cada órgano y a cada elemento.  

A esta canción debieran hacerle un homenaje, por las verdades tan grandes que contiene, así que mientras no le llega se lo voy a hacer yo aquí, en mi casita del aire. 

Va por Manolo García y su "Ruge Mistral"


viernes, 8 de octubre de 2010

El mar y volaaar...



A mi abuela María, y a todos los que saben soñar que vuelan…

Aquella tarde David estaba muy triste. Tenía la cara empapada y los ojos enrojecidos de tanto llorar por la abuela. 
Yo tenía nueve años y ya no lloraba, porque ella me había pedido que no llorásemos demasiado. Bueno, en realidad si lloré un buen rato pero me sequé las lágrimas antes de ir a buscarlo a él para arrancarlo de las faldas de nuestra madre.

_ ¡Vamos a jugar a volar!_ le dije a mi hermano

_¡Pero yo no quiero jugar a volar!. Yo quiero jugar a pistoleros…

_No, a mi no me gusta jugar a eso. Yo quiero volar, como la abuela.

_ ¡Pero yo no quiero volar, que me caigo!

_ No te caes, en realidad solamente sueñas que estás volando y entonces es como si volaras de verdad.

_ ¡Pero yo no tengo alas y sí que me voy a caer!!

_Sí tienes, lo que pasa es que no las ves. Ayer me lo dijo la abuela; que cuando juegas a que vuelas, sueñas que vuelas y entonces tienes alas y ya no te caes nunca.

_ ¿Estás segura?

_ Claro, justo ayer ella lo dijo antes de irse al cielo y darme un beso. Ella se puso a jugar a que se dormía para empezar a volar. Después se quedó dormida de mentira como la bella durmiente, pero todos han pensado que ella está dormida para siempre.

_ ¿Y no está dormida para siempre?

_ ¡No! Está despierta, lo que pasa es que se ha ido a vivir al cielo. Se puso a soñar que volaba muy alto y se fue al cielo. Se ha quedado allí a volar siempre, porque aquí le dolían mucho los huesos. Eso me dijo ayer, antes de marcharse y que por las noches iba a dormir junto a los ángeles. Por eso no he llorado como mami, porque sé que ella está en el cielo y que está muy contenta de estar allí.

_ ¿Y allí ya no le duelen los huesos?

_ No, porque allí el cuerpo no pesa nada. Es como los globos de la feria cuando vuelan, que no pesan. Pero nosotros sólo jugaremos “a volar” un ratito y luego vendremos a cenar para que mami no se enfade y no esté triste.

_ ¿Por que aun no nos duelen los huesos como a la abuela?_ me pregunto con la carita sorprendida

_Claro, por eso _ le respondí yo

Aquella tarde estuvimos “volando” todo el tiempo por la casa: del patio al salón, de la cocina al cuarto y del cuarto a la luna. Cuando se hizo de noche
estábamos exhaustos y no habíamos llorado nada, nada, porque la abuela no quería que lo hiciésemos y además jugar a volar era muy divertido.  
Así que a partir de aquel día, cada tarde que estábamos aburridos jugamos a volar y no lo pasábamos en grande. Claro que David siempre llevaba enfundada la pistola y a veces la sacaba para pegar algún tiro contra el viento…

Al cabo de unos meses, una tarde en la playa, mi hermano vino con una caracola muy grande entre las manos corriendo hacia a mí y me dijo sonriendo:

_ ¡Mira, tata! El mar también sueña que vuela cuando está dormido que vuela y se mete dentro de las caracolas y suena como el viento_ se estaba poniendo la caracola en el oído.

_ ¡Sí!_  le dije yo_  El mar también sueña que vuela, por eso siempre está azul como el cielo y suena como el viento rugiendo dentro de las caracolas.







Silvio Rodriguez - Cita con angeles


lunes, 13 de septiembre de 2010

Cómo no querer volver, en un vuelo de otoño al Sur...1ª parte



“Los labios de la noche
se fundieron con los míos
p
ara curar mí pobre corazón
que está perdido…”

Letra de Estrella Morente
Música de Vicente Amigo






Yo quería haber tenido siempre intactos mis sueños, como en el Sur y cada soplo de mi infancia bailándome entre los dedos…
Seguir pintando cada día, dibujos a cuatro trazos de colores, de cada sueño que se me ocurriera, lanzarlos en un avión hacia el cielo, o meterlos a ellos y a mi en un velero blanco y así recorrernos juntos los cinco océanos del mundo, partiendo del puerto de Algeciras. Ver en mi viaje imaginario delfines y ballenas, saber si de verdad existían las sirenas. 
Yo quería llevar siempre a cuestas mis libretas de dibujos y sentir las flores revueltas con las mariposas, revueltas revoloteando entre la ventana, la almohada y el mundo que quería ver a través de mis ojos.
A veces siento, que tal vez debe ser por eso, que me sigue quedando cielo y mar y montones de recuerdos de mi infancia, impregnada del aroma y del color de mis vivencias en el sur, y cada vez que empiezo a soñar de nuevo, se me escapa todo, de pura añoranza.  

Yo jamás me había soñado, viviendo en un lugar rodeado de bloques de cemento, de calles grises y gentes llenas de prisa. Me soñaba más bien, inundada de olor a tierra y a mar y a verde, viviendo siempre cerca de campos y limoneros, de horizontes de olivares, de espigas de trigo dorándose al sol y al viento, para traernos tras la cosecha, el sabor delicioso del pan blanco de pueblo.
Quería caminos hacia la sierra, sendas de rocieros,  guitarras sonando en sus melodías, y un mundo lleno de niños y de risas y de juegos, para luego reencontrarme en la sapiencia y las horas tiernas entre las manos de los ancianos, de cabello blanco impoluto y sonrisa y ojos de conocer muy bien el mundo,  como tenía mi abuela María.

Ella fue la que me hizo ser la niña del aire,  la niña cantarina que saltaba a la comba de los sueños. Y yo había aprendido a resumir un mundo muy mío y completamente perfecto entre los limoneros y las flores del patio de su casa. Allí donde nacía el olor de los jazmines y el color de los geranios junto a las paredes encaladas, y el rumor de los olivos y los almendros se perdía en los campos cercanos y la tierra seca, por el sol perpetuo, era amable a la sonrisa y al paso humano.


Como cada una de sus gentes, que tenían también ese gesto agradable y ningún reparo en preguntarte si no te conocían o no te recordaban y te veían paseando por la calle cuando tú acababas de llegar para pasar allí el verano: "¿niña… y tú de quien eres?"
Y yo no supe que decir, la primera vez que escuche aquella pregunta, no acabé de comprender que querían decir con aquello, pero le pregunte a mi abuela al llegar a casa, sabiendo que ella me daría la respuesta y así yo sabría que contestar la próxima vez que la gente me preguntara…

“Tú diles, cuando te pregunten, que eres de los mineros y que estás viviendo en casa de María la minera, que es tu abuela”.
Entonces me contó, que ese era el mote que tenía la familia de mi madre desde que un tatarabuelo, mucho antes de la guerra, se había marchado a trabajar a las minas de plata de Linares, dejándose allí la piel y los sudores, para regresar a casa con los bolsillos llenos y ese mote para su familia y las próximas generaciones.
Así, que al día siguiente, cuando volvieron a preguntarme, yo dije bien contenta y segura de mí misma: 
“Yo soy de los mineros y de mi madre bonita” se me ocurrió añadir, así de repente.

De mi madre bonita, la que ahora tiene setenta años y cuatro olivos de aquel pueblo de Andalucía  nuestro, plantados en su jardín, en el otro extremo de España, en un pedazo de tierra que mira hacia el mediterráneo, para tener siempre que ella quiera un cachito de Andalucía donde sentarse a coser por las tardes, mientras la vista se lo siga permitiendo.


Y desde niña, yo la había visto con su mirada blanda perdida en ellos, más de una vez  viajando como a través del tiempo entre sus verdes ramas, respirando muy hondo y sonriendo, sintiendo como si estuviese en su tierra otra vez. Entonces, volvían a nacerle urgentísimas las ganas de verano, y cuando mi padre, por fin tenía vacaciones, regresábamos, de nuevo al Sur.  
...


Imagen obtenida de la red

jueves, 1 de julio de 2010

Los herederos de Macondo



Los herederos de Macondo

“Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.
El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados  plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos”.

Cien años de soledad
G. García Márquez


El mundo se había convertido en un lugar tan viejo, que apenas quedaban nuevos nombres para mencionar los extraños e imposibles inventos que seguían sucediéndose uno tras otro, a lo largo de la historia de la humanidad.
Tiempo atrás los científicos habían tenido que acudir a aquellos larguísimos vocablos del latín para nombrarlos, devolviendo al presente de las lenguas, la cuna y el origen de lo más antiguo. Y esa nomenclatura, con nombre y apellido, era a menudo demasiado difícil de recordar para nosotros, las gentes de a pie...

Ya no se señalaban las cosas con los dedos para nombrarlas, sólo se señalaban a las gentes con el dedo alzado... para juzgarlas.
Eran días de torpezas, de insensatez perpetua, de quebrarse los ojos y los llantos con la prensa abierta entre las manos: leyendo la infinita retahíla de "malas cosas" sucediendo día tras día en cualquier  rincón del mundo.
Eran días en que trataban de apretarnos el alma chica y la razón contenida, entre las comedias y falacias de los políticos, de los malos gobernantes, de los hombres de poder. 
Andábamos, tratando de escapar, de los credos de las religiones absurdas, que aun en estos tiempos, nos hacían sentirnos pecadores y en pecado cada vez que tratábamos de caminar hacia delante y simplemente tratar de ser un poco más libres…

Eran tiempos tremendos, de apretarnos más aun los cinturones, con esos miles de recortes y tantos por ciento robados de nuestro pan, de nuestro vino, de nuestro sudor, para tratar de hacer en vano, que la economía de esta España “piel de toro” no siguiera cayéndose en picado, por los malos quehaceres de sus poderosos, que seguían, como siempre, quitando a los mismos y para seguir llenando las mismas consabidas arcas.
Eran días y más días que transcurrían, a veces escasos de fe, otros demasiado faltos de esperanza.
Y eran días de calor y de muchedumbre en las calles, de soledad entre las manos, de televisores mostrando “grandes hermanos y hermanas” y otras patéticas comedias, reseñas del exhibicionismo y de la miseria humana.
Eran días de malos sueños, de tele-basura a cualquier hora del día, y a veces hasta prodigaba, pantalla a lo grande, la mala literatura de mano de famosos y famosotes que querían seguir viviendo eternamente del cuento, sin tener nada importante que contar.

Eran días en la que la banalidad de lo real nos hacía ser peces boqueando perdidos en las aguas del océano, cuando deberíamos haber sido aves volando en libertad hacia los cielos.

Pero a pesar de todos esos malos días por tantos y tantos motivos y razones que se iban acumulando, también llegaban con la nueva era las gentes del prodigio, del mundo creativo, de los sueños…

Asomaban a la tierra del hombre los niños índigo: aquellos infantes inmensos y azules, con caras de ángel, y corazón grande, que aun no encontraban la forma exacta de enseñarnos a salvar el alma y el planeta. Y sin embargo, ahí estaban, batallando juego limpio con sus blancas manos, con sus ojos abiertos...

Y se nos iban yendo con sus sueños, uno tras otro los grandes magos de las letras de nuestros días. Teníamos demasiado cercana en la memoria pérdidas como la de Mario Benedetti,  Gabriel García Márquez,  Miguel Delibes y más tarde y muy reciente la del gran Saramago. 
Entonces, las ciudades, quedaban llenas de sus prosas, pero vacías de sus causas y de sus verdades  gigantes como puños.

Y cada uno de ellos se iba sin marcharse ya nunca, sin dejarnos jamás,   haciéndose legado hermoso con su memoria viviente en las letras. Y como  almas poderosas, eternamente vivas, pasaban a ocupar un lugar de prestigio en cada biblioteca del mundo y en cada casa donde las letras habitasen todavía un espacio  importante.
A sus miradas eternas de niños, y a las nuestras, quedaban prendidas por siempre la nostalgia de haberlos leído y así vivido también un poco, y de sentir el orgullo de poseer en nuestro hogar, sus tesoros: alguno de sus libros brillando en los estantes, con sus nombres limpios, impresos en cada canto.

A mi me gustaba tenerlos bien ordenaditos para encontrarlos al primer golpe de vista, para retomarlos cada tarde nostálgica de domingo…
A veces necesitaba muchísimo sentir las pautas de mi loco amar junto a Benedetti, o Pablo Neruda, y otras muchas me perdía en silencio a llorar junto a Lorca, o me reencontraba camino andante junto al gran Machado.
Otros días acudía alma desbaratada a Delibes, o vivía en los días infinitos de buscar crecer en vocabularios e imaginación al viento de la mano del gran G. García Márquez y también del recientemente perdido e inmenso maestro Saramago.

Por suerte para todos nosotros, para cada uno de nosotros, otros iban  llegando para iluminarnos y así se hacían herederos de la magia de la prosa, convirtiendo sus letras en las letras del nuevo viejo mundo, convirtiéndose en los nuevos grandes de la literatura,  para el deleite de los que gustábamos encontrándonos alma abierta y en paz entre las letras. Y eran tan gigantes pensando y relatando mundos, como Almudena Grandes, o Isabel Allende, o Ruíz Zafón, o Vargas Llosa, o Pérez Reverte, o Ken Follet, o Murakami (ese sol brillando allá oriente lejano), o…
Cada uno de los cientos de ellos que me dejo…
No quiero olvidar y se me hace necesario nombrarlo aquí, aunque  sea todavía menos conocido por todos vosotros, pero no por ello menos grande, a mi buen amigo y novel escritor  Rodrigo Díaz Cortés; el chileno-catalán que ganó recientemente su primer “Vargas Llosa” con su novela “Tridente de Plata”. 

Los sucesores de Macondo, estaban siendo ahora  cada uno de ellos.

Y habitando en paralelo, en otros pequeños mundos... más allá de los libros impresos, justo por dentro de las pantallas de nuestros ordenadores, empezaban a surgir poetas y soñadores, grandes rebeldes de alas quebradas, hombres y mujeres del verso que llenaban los buscadores de google con su poesía en los blogs, que como alas al viento en el aire volaban, y así se nos mostraban y nos acercábamos a leerlos y a admirar secretamente sus poemas.

He ido conociendo ahí "en el aire" a mujeres hermosísimas, de palabra abierta y  pluma prodigiosa, como Ada Menéndez  en sus GOTAS DEL CANTÁBRICO,  a Amelia Díaz en su inmenso MAR ETERNO, a Adriana Bañares la prodigiosa la niña de las naranjas, a Aurora la  gorriona destilando versos en su casita malva de El sendero secreto del gorrión, a Carmela en sus Pétalos al vuelo, a Carmela Rey en su faceta de mujer poeta en CARMELA REY Artìfice de poesías... y en la de narradora de historias entrañables en CARMEN REY "Relatos de Bolsillos", a Débora  Vukusic poeta y mujer polifacética en su abeja con orejas de lobo, a Eva Márquez en sus Cosas que nunca te diré,  o  a Lucía Fraga en su Nostalgia del acero, a Laura Gómez Recas en su fecundo y hermoso Hortus Liber, a Laura Caro y sus Poemas desanclados, a Mamen Alegre en su Poesía al sol, a Marisa Peña en los papeles de claudia, a My con sus inmensas sin alas.. volando versos, a Nares Montero a puro arder a fuego y A quemarropa..., o a Paloma Corrales en su preciosa alcoba paralela, a Paz Hernández en sus Entre completas y vigilias, a Sofía Serra poeta y gran fotógrafa en El cuarto claro (Sofía Serra) y a Taty Cascada y sus bellas secuenciasdelalma ...
Y a muchas más que aun no he llegado a tener la suerte de leer y así conocer, al menos un poquito, entre las líneas de sus versos.

También en nuestras pantallas, nos vamos encontrando día tras día, con los hombres actuales del gran verso, del verso fino y delicado, del bien y buen hacer en sus poemas… como el indomable Batania, el fiero Neorrabioso tan admirado por todos nosotros, o a Casiarturo en su blog ¿esto es un blog? CASIARTURO, o a David González en David Gonz�lez, Poeta,  a Eloy Sánchez lloviéndonos mágico  y prodigioso con sus versos en lágrimas en la lluvia, o al poeta y amigo de todos Francisco Cenamor haciendo de sus ratos libres de poesía y vida una asamblea de palabras para que todos sepamos cuanto sucede en los mundos de letras, o a Fernando Sarría en su blog de poesía Fernando Sarría, o a Jorge Muñiz Al otro lado del mundo, a Noray y su verso hermoso abierto al océano inmenso en Desde mi noray, o a Quebrantaversos despeñando versos para llegar al tuétano en su QUEBRANTAVERSOS :: Recitales de poesía - Poetas Barcelona, o a José Luís Zúñiga con su buen hacer volar la letra como el  maestro que es en el tiempo a destiempo,  a José Romeo en sus Lectores Inquietos, a José Luís Mateo en su YOUTUBE/JOSEPOETA,  a el poeta del amor y la libertad Santiago Tena con sus inmensas palabras de  amor y libertad, a Miguel Schweiz pintando versos allí Donde se posa el Sol,   a Mistral recitando sus Secretos al viento, a Adolfo Payés poeta y escultor maravilloso en sus adolfo payés - poemas, a Salvador Pliego en su hermosa SALVADOR PLIEGO - POESÍA, a Retilh (adolfete para los amigos) siempre en las poderosas En ancas de la razón, o el indomable Toro Salvaje y su buen Justiano tratando de hacer de este mundo un lugar mejor en TORO SALVAJE,  a Ricardo Miñana  en Pensamientos de un hombre o en  Ricardo Miñana poesía, a Terly TERLY - Extremeño en Cataluña, o a mi buen y gran amigo lejano Byron Gónzalez el  poeta nicaragüense afincado desde hace tanto tiempo en Canadá en byronever :: The poetry of Byron Gonzalez ::: Nicaragua, Canada Ideas and Poems 
Y repito,  los miles de más,  que no es que olvide... sino que igual que a muchas de ellas, aun no he tenido la suerte de encontrar y descubrir  y están ahí en el aire esperándome, y así os pido al que me lea, que me hagáis saber de su existencia para poder seguir creciendo con sus versos.

Y caminando junto a los poetas, por senderos paralelos,  en estos mismos espacios que asoman libremente frente a nuestros ojos, en una estancia de redes vivientes y bien tramadas, nos vamos encontrando también con los nuevos soñadores y creadores de historias y así aprendemos a recorrer la vida AGUAS ABAJO de la mano maestra de Codorniu, a admirar el hermoso mundo que ven los ojos de Firenze en * dejame que te cuente, o a "Imaginar Lebowski" en Imagina Lebowski con la pluma volante de Andrés Portillo, a beber los mundos de Alberto Bilbao en Itoitz (Mi estación literaria), o a sentir profundas las asperezas de Pepe Pereza, y los mundos sobre la cuerda en el aire de Gabriel Bevilaqua El elefante funambulista, o los cuentos de Marita en CONTANDO CUENTOS, o a  Maga Despistada La coleccionista de secretos,   o la magia instantánea que tiene relatando historias Melody Paz  en MELODY PAZ, o a los  ya imprescindibles Jesica y Marcelo en Palabras como nubes

Los pequeños-grandes escritores de blogs y bitácoras de a bordo y poesía de nuestros tiempos, que muchos de nosotros, día tras día vamos conociendo y que aunque tal vez aun no vendan a lo grande sus títulos para San Jordi, no dejan de ser tan únicos y singulares como los que más títulos ya han vendido.

Y cada uno de esos niños y niñas prodigio  siguen llevando pequeñas y abiertas  guerras que se arman en sus plumas, porque cada uno con su verdad va relatando para la memoria de las gentes de ahora,  a día de hoy: verso, prosa o leyenda en el aire, que nos están ayudando muchísimo, en este preciso instante en que vivimos, con un mundo ya sin Macondo,  repleto de soledades y de silencios que tiritan entre piel y corazón. 
Por eso, se hace tan necesario leerlos:  para sentirnos más vivos. Para sabernos todavía, algo poseedores de la nueva esperanza, al bebernos los átomos de luz que derraman en sus letras, todos estos hombres y mujeres de nuestro ahora.

Hoy tampoco puedo olvidar a aquellos amigos que escriben la hermosura sin palabra alguna, solamente con sus ojos y sus manos puestos detrás de la cámara como Teresa Salvador "Fábulas" en Flickr TERESA SALVADOR, "FÁBULAS" EN FLICKRhttp://www.flickr.com/photos/teresafabulas/ y Josep Tomás "Thundershead" también en Flickr JOSEP TOMÀS, "THUNDERSHEAD" EN FLICKR http://www.flickr.com/people/thundershead/, de los que podéis ver este blog mío lleno de sus imágenes preciosas y vivas, imágenes que han tomado forma y vida de la fuerza y creatividad de sus manos.

Y mi niña grande, la  pintoescritora Anna Calero,  que se abre la luz en cualquiera de sus formas, inundando todos los rincones de colores y así nace su fuego: el de la mujer de fuego,  en esa pasión por dar vida con el pincel, con la ilusión, con las manos, así "mismamente", como ella dice en Mi caballo de fuego.

Yo sigo aquí nadando entre tanta magia y belleza sostenida, también en las letras de cada uno de los tristemente perdidos, en la nueva vida que me traen los presentes, los que escriben hoy en el aire y para el aire, los que ya he nombrado y los que están por llegar… 

Trato de seguir siendo esa aprendiz de poeta, que soñaba ser de niña, crecer por, con y para:  "la mujer de aire", porque sigue siendo ella la que me alza y me amarra, la que me mueve y sostiene, la que viene a renovarme cada día. Hoy me reconozco: amante del verso, de la prosa, de la fábula, de las grandes historias de humanos para la humanidad y del pensar con toda la certeza y la fe encendida: que ahora que tanta falta nos hace Macondo no puede dejar de existir, si lo seguimos nombrando, como el  mundo mágico,  prodigioso, perpetuo que es, latiendo en nuestros corazones, tal como lo relatara G. G Márquez.

Hoy me marcho unos días y aquí os dejo un abrazo inmenso a cada uno de vosotros…
Me voy a dar un tiempo, para tratar de concentrar mi loca cabecita y mi energía un poco en el estudio, porque mi medicina china llega pegando fuerte y robándome las fuerzas para todo lo demás, ahora que asoman los  exámenes finales y empiezo a sentirme boqueando en el océano, como un pequeño pececillo sin memoria y con demasiadas cosas que aprender aun... 


mayde molina



Imágenes de esta entrada de Josep Tomás y Teresa Salvador:  http://www.flickr.com/photos/thundershead/2955118417/in/set-72157608187420617/


jueves, 3 de junio de 2010

La Zíngara y el Ilusionista



La última tarde de febrero se diluía entre el murmullo de las gentes.
Era sábado y el paseo de las Ramblas, estaba aquel día muy concurrido. Se podían encontrar a derecha e izquierda de la calle una infinidad de estatuas humanas; sorprendentes personajes a cual más original y llamativo, que se encargaban de despertar la curiosidad de la gente que paseaba relajadamente ramblas abajo.
A la altura de Canaletas, había un hada pintada de verde que sobre su pedestal danzaba moviendo un manto lleno de pequeñas flores.
Unos metros más abajo, un Napoleón muy logrado guiñaba el ojo a quien lo mirara y con su mano en el pecho, cambiaba de postura cada vez que escuchaba el tintineo de una moneda cayendo bajo sus pies.
A pocos metros más de distancia, casi ya frente al Liceo, un griego que parecía hecho de alabastro fruncía de repente el ceño ante los ojos risueños de los niños. Alguno de ellos, hasta se atrevía a acercarse para tocarlo y comprobar si era o no una persona de verdad.
Y así, a lo largo de la rambla iban cobrando vida un sinfín de personajes más.
Aquello era arte; un arte espontáneo y colorido que se mostraba libremente en cada esquina y rincón del paseo más pintoresco de la ciudad de Barcelona.
Al llegar a la altura de las Atarazanas, justo unos metros antes del puerto, un nuevo corrillo de gentes empezaba a formarse en torno a otra nueva pareja de artistas.
Él se había sentado con las piernas cruzadas sobre una gran caja rectangular, esperando a que el círculo de gentes se completase en torno a ellos.
Situada de pie, unos pasos por delante de él, la silueta de una preciosa mujer empezaba a captar con sus movimientos toda la atención de los que se acercaban.
Era zíngara. Tenía la tez morena, los ojos grandes y rasgados y un cabello muy negro y ensortijado que sostenía alzándolo entre sus manos mientras movía de un lado a otro las caderas y sobre su falda una ristra de monedas plateadas tintineaba al ritmo de la música.
Sonreía abiertamente, invitando a acercarse más y más a aquel pequeño grupo espontáneo que se detenía por momentos frente a ellos.
Una nueva melodía húngara empezó a sonar mientras ella danzaba descalza sobre el asfalto. Él, detrás, vestido con un traje de pantalón y chaleco negro repleto de dibujos oro y grana, aplaudía cada uno de sus pasos animando más aún al público.
Ya apenas quedaba espacio para una sola cabeza más. Fue justo entonces, cuando él se levantó y sosteniendo la mano de su compañera en alto hizo junto a ella una reverencia presentándose a la gente.

_ ¡Damas y caballeros… van ustedes a contemplar ahora el espectáculo más insólito que jamás hayan podido imaginar!_ dijo alzando la voz.
Su tono de voz era grave, su acento parecía ruso. Empezó a contar a todos la historia de cómo había encontrado a Erika años atrás en un crucero por el Danubio, aquel lugar del mundo en que desde entonces, habían unido sus destinos.
Les habló también de su largo deambular por circos y teatros; recorriendo cada rincón de la vieja Europa, hasta que un día no muy lejano habían decidido al fin ser libres, alejarse del frío y perpetuo invierno de las ciudades europeas y viajar solamente por España mostrando su arte en las calles a cambio de las monedas que su público pudiese ofrecerles…


_ ¡Señoras y señores!_ decía él muy convincente_ Este espectáculo que van a contemplar a continuación les costaría al menos 20 o 30 euros en cualquier teatro de la ciudad. ¡Hoy van a poder disfrutarlo sólo por unas monedas!
Y ceremoniosamente, se acercó hasta el gran rectángulo que había en el suelo.
La sábana de satén azul que lo cubría voló por los aires a golpe de varita mágica, dejando al descubierto una preciosa caja dorada labrada con incrustaciones de soles y estrellas.
Entre los dos la abrieron y sacaron de su interior otra caja más pequeña que estaba decorada con los mismos motivos. Empezaron a mostrar a todos las cosas que había en su interior.
Lo primero que sacaron de ella, fue una alfombra persa que desplegaron frente a la caja más grande, extendiéndola sobre el suelo. Después vaciaron sobre ella todo el contenido de la caja pequeña: un par de sogas gruesas y largas, un montón de pañuelos de seda, unas esposas y un arnés…
Varios espectadores ya iban imaginando lo que iba a suceder mientras ella se disponía a empezar con su trabajo.
Primero, cogió las esposas y llevando los brazos del joven ilusionista detrás de su espalda, las situó sobre sus muñecas, cerrándolas. Caminó de puntillas hasta el público y entregó sonriendo la llave a un niño lleno de pecas, que sostenía la mano de sus padres.
Después regresó junto a él, cogió el arnés y se lo pasó entre ambas piernas hasta situarlo a la altura de su cintura. Luego, cogió del suelo una soga gruesa y larga, se arrodilló y ató fuertemente las piernas de su compañero; anudándola primero sobre los tobillos, luego sobre las rodillas y finalmente a la altura de las caderas. Con la otra soga que le quedaba, hizo un gran nudo corredizo que le deslizó alrededor del cuello, se la bajó por delante del pecho, pasándola después por el interior de cada brazo y le dio un par de vueltas sobre el tronco hasta que unió el extremo con la otra soga que venía de haberle amarrado antes las piernas. Finalmente, enlazó ambos extremos en un gran nudo doble que cerró anclándolo con una vaga metálica al arnés.
Erika se acercó de nuevo hasta el público e invitó a un hombre de mediana edad, que llevaba un sombrero gris, a que la acompañara para comprobar ante los ojos de todos la verdadera solidez de aquellos nudos y que el interior de la caja más grande estaba completamente vacío y sin fisuras.
El joven escapista se encontraba perfectamente amarrado frente a su público: sus manos esposadas detrás de la espalda, las sogas rodeándole todo el cuerpo, el arnés amarrado a su cintura…
El hombre del sombrero ayudó a Erika a situarlo en el interior de la caja más grande. Sólo había un pequeño círculo por debajo de la cerradura para dejar paso hacia el exterior a la soga que sostenía el arnés que él llevaba anclado a la cintura.
Cerraron la caja con un gran candado. Ella unió el extremo de la cuerda con un gancho a un grueso brazalete plateado que llevaba en el tobillo derecho y se dispuso a anudar pequeños pañuelos de colores a la cuerda, empezando en el extremo que nacía del brazalete de su pierna y llegando hasta el final visible de la soga que luego se perdía tras el orificio de la caja.
Se giró para inclinarse ante todos haciendo de nuevo una reverencia.
_ ¡Damas y caballeros!_ les dijo sosteniendo entre las manos los extremos de su falda_ Mientras el gran Kabir se deshace de sus nudos, yo voy a ofrecerles una danza de mi tierra. ¡No se distraigan demasiado y no pierdan ni un momento de vista la caja!
Y empezó a bailar sonriendo, alzando la pierna y creando un movimiento ondulante en los pañuelos de colores que había anudado sobre la soga.
Giraba sobre si misma; movía de lado a lado las caderas, ondulaba su cintura dibujando ochos en el aire, mientras aquellas monedas tintineaban y sus brazos se agitaban serpenteando al ritmo de la música. Era una danza preciosa, delicada y llena de armonía.
Los ojos negros de Erika brillaban destellando las últimas luces de la tarde. Su inmensa sonrisa, repartía entre aquellas gentes un manto de ilusión más grande que toda su tierra de Hungría.
Era curioso observar las caras de los espectadores; casi todos movían rápidamente la vista paseándola entre la caja y la joven zíngara, pero otros habían olvidado la caja por completo y no podían dejar de contemplarla a ella.
En el interior de la caja, el gran Kabir ya estaba agitándose por dentro…Su pulso se había acelerado. El ritmo de la música le ayudaba a controlar el tiempo que le quedaba.
Podía imaginar perfectamente los pasos que ella estaba dando sobre la alfombra. Los había visto tantas veces…
No había dejado de hacerlo, desde aquel día en que la había conocido, justo en aquel momento de su vida en que todo empezaba por fin a asentarse y cobrar un nuevo sentido.

Él que había escapado de todo hasta entonces…
De las inmensas palizas que su padre le propinaba cada vez que llegaba a casa cargado hasta las cejas de vodca…

De los nudos con que le amarraba a la silla de su habitación durante horas, aquellos días en que se sentía tan miserable y desgraciado, que lo castigaba sólo por que no podía soportar que el muchacho le recordara en cada gesto a su madre…

Llegó el día en que aquel cretino, dejó de encontrárselo llorando cuando llegaba completamente ebrio a casa.

Él pequeño, había aprendido al fin a huir…

Y de cada una de las miserias en que se había desarrollado su dura y triste infancia, había escapado antes de que llegara a hacérsele demasiado insoportable…

Hasta que se convirtió en un hombre y siguió escapando de todo cuanto intuía que podía llegar a someter de alguna manera su espíritu…

Y esquivó de nuevo, la rigidez de un trabajo convencional y rutinario al emigrar hasta Yugoslavia.

Y huyó de aquel país, años después, ante la incertidumbre de que de seguir allí tendría que ir a luchar a la guerra de Bosnia…

Pero ya en Hungría, no pudo escapar de ella cuando la vio por primera vez bailando a orillas del Danubio.

Ahora sólo pensaba que tal vez algún día, podría darle todo cuanto se merecía…

Y una casita frente a la playa donde realizar sus sueños…

Quimeras, quimeras, quimeras.


El tiempo transcurría demasiado deprisa, no era aquel el mejor momento para ponerse a soñar.
Y tuvo que volar veloz de aquellos pensamientos, para concentrarse en el único escape que verdaderamente tenía que hacer en aquel momento.
El último nudo que había unido ambas sogas al arnés de su cintura se deshizo al fin entre sus dedos. Estaba completamente libre en el interior de la caja.
Fuera, el ritmo creciente de la música y los movimientos de la bailarina indicaban que el espectáculo estaba llegando a su fin.
Y así fue, porque Erika dio un último paso en el que giró nuevamente sobre si misma y se paró de golpe deteniéndose en un hermoso gesto mientras extendía los brazos hacia el cielo.
El público empezó a aplaudir.
Ella, risueña, se dirigió hacia ellos cogiendo de la mano al mismo caballero del sombrero gris, que antes la había ayudado y lo llevó de nuevo frente a la caja. Entre ambos la abrieron: en su interior no quedaba ni rastro del Gran Kabir.
Misteriosamente y en el interior de aquella caja dorada, el joven escapista se había desvanecido del mundo, ante la sorpresa del gentío que se aglomeraba en aquel rincón de las Ramblas de Barcelona.
Allí solamente estaban las sogas, el arnés y las esposas aún cerradas, que sacaron mostrando a todos.
La gente no daba crédito a lo que estaba viendo. Aplaudían exaltados mientras algunos de ellos gritaban bravos con energía.

Unos instantes después, el Gran Kabir aparecía por detrás de todos ellos. Lucía una gran sonrisa y caminaba hacia el centro del círculo haciéndose paso entre la gente, mientras sostenía sobre su cabeza una gran daga dorada que nadie había visto antes.




Todos, sin dudarlo un momento, empezaron a acercarse a depositar sus monedas en una pequeña cajita que Erika había colocado sobre la alfombra.
Se iban acumulando una tras otra, hasta que la caja volvía a llenarse una vez más al final de espectáculo y sin tener que entregar comisión alguna al dueño de un circo o de un teatro.
El día había sido largo; habían realizado más de diez números sólo durante la tarde y aquella noche, cuando ella completamente agotada se quedó dormida sobre el camastro que tenían alquilado en una pensión del barrio gótico, él la abrazó por detrás uniéndose a su cuerpo. Inspiró con fuerzas y reposó las manos en el incipiente vientre que crecía día tras día, mientras su hermosa madre danzaba sobre una alfombra persa amarrada a la soga que la unía a él.

… Al gran mago que una y mil veces, en el interior de una caja dorada, deshacía cada uno de sus nudos y de sus miedos más antiguos y oscuros.
Y así debía de ser. Porque sabía perfectamente que en unos meses, el pequeño ser que crecía en el cuerpo de Erika haría cambiar para siempre el escenario de su vida.

Mayde Molina

relato para la revista "El Descensor" imagen de Josep Tomàs "Thundershead" en flickr: