A veces los sueños que tenemos, son lo que más se parecen a nosotros mismos, a lo que debiéramos ser y todavía no nos atrevemos. Por eso se hace tan necesario pincelarlos, darles vida en cada detalle y hacerlos niños mimados en nuestra ilusión, no poner nada por delante de ellos, que nadie los pise, ni haga que se tambaleen ni un solo instante para que puedan cumplise... y mimarlos y acariciarlos y revivirlos cada noche, hacerlos poesía ycomo dice Silvio incendiar el cielo si es preciso, porque así es como logras que se vuelen en los átomos del aire mientras duermes y que lleguenhasta el centro del cosmos, para cobrarse vida porque túhas pedido que así sea.
Ahora, que mi fe en el amor vuelve a ser una flecha que lanzo al centro del universo, dejo de andar hacia atrás para recoger cachitos de nostalgia y herrumbre que puedan llegar a entelar mi sueño de ahora, de este instante.
Y ya con el pijama puesto, o a veces medio desnuda, me detengo y converso frente a la que se lava los dientes mientras me mira, leo en sus ojos su verdadero sueño, su deseo y le hago un guiño que siempre me devuelve.
Luego me voy a la cama, bostezando pero sin demasiadas ganas de dormirme del todo, por eso me enredo un rato entre las sábanas, dejándome atrapar por el aire, por el fuego, por la luna si es que hay luna, por cada uno de los elementos de la noche, pero sobre todo por el deseo intenso que late dentro de mi pecho Entonces cierro los ojos y empiezo a ser exactamente aquello que estuve imaginando durante el día.
Y allí cuando me entrego al momento, a la casi magia, a mi sueño de ahora, a mi deseo de alcanzar su deseo, al amor que estoy lanzando como una flecha al centro de su vida, me detengo para poseerlo y aunque vuele a vuelo raso sobre la cama, dejo de ser de aire y me hago fuego y me fundo con la noche y a veces incendio el cielo para que sea.