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sábado, 2 de abril de 2011

Que sí, que soy tu amor irreverente...






Que sí…

que soy tu amor febril
e irreverente,
tu verso abierto al mar,
tu ángel caído
a este presente.

Que sí…
que soy el valle al desnudo
que sueñas en tu mente
el anhelo, 
el agua del deseo que se crece
cuando me piensas
amor puro y salvaje
enredado a tus hebras.

Que sí...
que estoy casi volando
sin llegar aún al aeropuerto
que ya he soñado unas mil veces el reencuentro.
Y nuestro abril sin nieve
con sabor a ron añejo, o a buen vino,
a fuego vivo entre los labios
a beso nuestro despertando
y a estar sólo vestidos
los dos, contigo en mí.

Que sí, que tú lo sabes…

Y si el amor nos hizo niños de piel
Hoy es un mundo tierno y desnudo 
En el siempredelaire es cierto y maduro
es verdadero y se ha hecho nuestro.

Y yo,
que no tengo Dios
ni religión, ni eje
siempre ruedo mi vida hasta tu suerte
cuando me llamas, llama viva: vientre Soy
cuando navegas en mí y en mí te alzas: Soy del cielo, Soy del agua.

Pero hoy te pido:
que no me desmadejes más el alma
con esa voz que me pones
y cuelas por mis sábanas…
Porque, satén me quemas, amor, y satén me pierdo, en tu voz…

Y ahora ya no quiero que me arrulles,
ya necesito concentrarme,
no estar dispersa en el eco de tu boca,
estar más cuerda que loca,
estar más cuerda de lo que nunca fui.
No estar en ti a impaciente delirio,  me distraes,
y estoy pensando lo que voy a poner en la maleta…

Tus sueños,
los besos que he guardado en este invierno,
mi amor de niña y de manzana,
olor a azahares
prendiéndose a tus ramas.
El beso rojo y del revés
que aquella noche te robé


Hoy vuelan cometas en mi playa
¿Las ves cómo se alzan?
Son aves de colores que juegan a ser viento
con el aire. Tal como yo hacía,
cuando pintándome o pintándote a mi antojo
era de versos o de sueños.
Era del aire o del mismo viento, que eras tú.
Era del tiempo sin ti,
bajo el sol de ahí arriba
me quemaba
y era mi sed, sin ti…

Pero, amor
mi vida en ese aire ya se acaba.
Estoy a un solo paso
del penúltimo vuelo
de cruzar el charco y ser de nuevo
de primavera y arroyo
de piel y susurro
de labio y lluvia
de carne y vida
de amor sin verso
en tu cuerpo boca arriba.
De alma y agua.

Debe ser verdad lo que me dices…

Existen milagros en la Tierra
Dios existe.
Besa y huele como tú

sábado, 16 de octubre de 2010

"Doscientos" y "Amar en rojo y sin velo"



Esta es mi entrada nº 200 y me paró a pensar y recuerdo que solamente empecé a escribir en este Blog para no “perder” las cosas bonitas que me salieran, para que quedaran ahí siempre flotando en el aire, cada vez que yo quisiera leerlas.
Ahora ya ha pasado un tiempo desde aquel día, también llegáis aquí vosotros para leerlas y eso me llena de satisfacción, poder compartirlas con vosotros y no puedo más que estar Agradecida, con mayúsculas.
Os dejo hoy, un poema erótico, escrito hace un tiempo, guardado para un día especial, para un momento especial como el de ahora.
Gracias a todos, por estar aquí conmigo, en este camino que enlaza palabras con corazones.
¡Os quiero!
mayde























Amar en rojo y sin velo


Galopan los latidos de tu pecho
Subiendo por las brumas de mi cuerpo
Levanta cada velo tu deseo
Tu voz soplándome al oído
aupa la presencia, la vida de las olas en mi océano
Susurra algún gemido.

Reinvento con mis labios tu nombre
Lo enlazo con mis manos, al alma de tu cuerpo
Con lazos rojos, con besos
Entre vaivenes lo pronuncio
Con trémulos suspiros de aire vivo
Dibujo su cintura, tu cintura,
mi vértigo, mi galope, mi locura, mi vuelo
La estrecho entre mis muslos
como a un buque y a su proa
para que no huya
sin darme su victoria.
Para que sepa amarme a fuego lento
y a mar, a sal y a entraña viva dentro

Volvemos a crear un Beso nuevo.
El cielo beso y el rojo de su ocaso cuando ardemos
Cuando tú me quemas
Y yo te bebo, te respiro, te retengo
alma en la vida de este cuerpo.
Y ya no sé si estoy amándote más de la cuenta
si sólo eres mi delirio, mi fuego, el desatino
fundido en un adaggio que no tiene final

Cuando subes y bajas y trepas y esculpes y cabalgas
Las cimas de la vida de mi adentro
cuando eres tú el que entrega
el beso más licuado de los besos
el agua de un abril contenido
la lluvia en este mar que crece
y al ritmo y al son de tu marea.

Cuando tú,
desatas en mi vientre
la furia del deseo
el miedo a no encontrarme
ni en el aire, ni en el tiempo, ni en tus labios
El alma del silencio de un amor sin nombre
que nos arde en la piel al pronunciarlo.

Suspiramos unidos contra el techo
y vuelo, aire, danza  somos
y el mundo es un oasis flotante 
un desdibujo, un da lo mismo. 
A mí me da lo mismo,
si tú estás bajo mis sábanas
y yo en el cielo de tus besos.

Cuando tu amor de viento
se hace la algarabía,
que puebla desnuda en mi sentimiento
Cuando me alzas y me sostienes
Y me bajas del aire para llevarme al firmamento
porque en los huecos de todo el Universo
me nombras, me tienes, me amas, me estallas.

Cuando yo te amo a ti
de esa manera no cobarde, sin fronteras,
a sabiendas que este amor es rojo incendio
que a nosotros nos fluye y nos arde a piel de fuego
porque somos dos caballos desbocados
galopando contra el viento de la noche
cuando no hay amanecer en esta cama.

Cuando yo me crezco en la cumbre de tu cuerpo
y ya no soy la Eva milenaria
sino el milenio, el diluvio
el agua del deseo.

Y sabes que no prometo
que no soy por lo tanto la tierra prometida
ni el final o el principio de tu vida
pero sí el valle, el destino, el camino,
tu habitáculo perfecto
y el mundo que te lleves a la boca
cuando tengas sed y hambre y  desazón de mundo.

El aire de tu carne,
el eco de tu beso cabalgante,
el instante, el goce, la premura,
el ocaso, la noche, su sabor a sal
pero también a fruta, a hoguera
a libertad de amarse en rojo
y sin velo, a piel desnuda y a derroche.

Y a fatiga sin cansancio, ni reproche
y a alma de amor descosida del cuerpo
flotando sobre el lecho
cada vez que a fuego rojo nos amemos

“mujer de aire”

viernes, 14 de mayo de 2010

para Claribel Alegría "El fuego empieza donde acaba el miedo" de Anna Calero


el fuego empieza donde acaba el miedo,
entendiendo que la vida es bella,
empieza justo donde acaba la oscuridad,
abres a la luz en cualquiera de sus formas,
inunda todos los rincones como el pincel de Sorolla…

así nació mi fuego en esa pasión por darle luz a mi vida
anna mismamente

Registro Creativo de la Asociación Canadiense de Hispanitas(ACH):
para ver la imagen "Sin nombre" y el poema "el fuego empieza donde acaba el miedo" en la 6ª Exposición Mural y Virtual de Poesía y Arte del Registro Creativo de la ACH en homenaje a Claribel Alegría pincha aquí:


Anna Calero

miércoles, 7 de abril de 2010

El crepúsculo

"EL CREPÚSCULO" OBRA DE ANNA CALERO



_ Párate. Detente. Deja de seguir pintando más hojas, mujer_ pensaba él en silencio mientras caminaba, mirando el reloj por el pasillo del aula de pintura.

No obstante, a pesar de verla aún tan entusiasmada con los pinceles en la mano y la paleta llena de ocres y azules disueltos, a pesar de que solamente faltaba media hora para acabar ya la clase, tuvo el presentimiento de que aquel día, por fin, Anna, iba a terminar con su obra.

La caída de la tarde, había logrado resaltar cada matiz de su luz en aquel hermoso lienzo que ahora se había acercado a contemplar de nuevo.

Él estaba de pie, con los brazos cruzados apenas unos pasos detrás de ella, que seguía deslizando el pincel, moviéndose casi imperceptiblemente hacia delante en cada trazo; matizando el reflejo de la puesta de sol en el cuerpo de las últimas hojas del viejo árbol que había plasmado desde el primer día en el centro de la estampa.

Armando, su profesor de pintura, el hombre de los mil matices bajo el pincel, de los sueños esponja de la niñez, de los pocos y sencillos esquemas para una vida ahora y del escaso equipaje al emprender un viaje fuera más largo o más corto… Se quedó observándola unos minutos más, antes de que sus pasos se alejaran para llevarlo hasta el final de la estancia a revisar el trabajo de otros alumnos.

Armando, el artista que se había trazado una propia identidad por ser el creador de los lienzos “vida-paisaje”, o “lluvia-rocío-blanco”, o “muerte-invierno”, como el mismo bautizaba con letras pequeñitas bajo cada obra finalizada. El pintor de los fantásticos mundos acuarela-densa desdibujándose sobre un lienzo….

Y sin que nadie más que él pudiese imaginarlo; también el Armando de las palabras, el escriba silenciado que de noche no se olvidaba que ya llevaba siendo pintor casi toda una vida y sin embargo, no había sabido plasmar aún sobre un lienzo lo que para él habían sido los mejores paisajes.

Aquellos que solamente se exponían mudos y llenos de color frente a su alma de soñador, al cerrar los ojos al final de un largo día.
Por eso, cuando a veces, no podía dormir, trataba de llenar huecos de alma, con las palabras que fluían de su pluma, ganando clara ventaja a los colores que de día había estado estampando con ágiles trazos de sus dedos.

Soñar, amar, pintar, escribir… Sus cuatro grandes razones para caminar por el mundo, aún en aquellos tiempos extraños.

Unas a veces con más peso que las otras y también mucho más sencillas de plasmar en el día a día unas que las otras…

Había sido mucho más fácil por ejemplo soñar, que amar, seguía siendo mucho más sencillo escribir que dibujar por las noches y sin embargo, sin darse cuenta, por esas cosas inexplicables que a veces le suceden a una persona en la vida, había logrado su reconocimiento solamente pintando de día, pintando hasta que moría la luz de la tarde y era ya la hora de retirarse.

Jamás nadie había sabido, ni pudo ver exhibiéndose en alguna exposición suya los verdaderos paisajes de sus noches, los mundos que solamente relataba sobre el papel, para que la memoria ya nunca los olvidara.

Aquellos “paisajes” que aún ahora lo seguían transportando a la nostalgia más profunda.

Él los llamaba “paisajes del interior”. O “paisajes de adentro” y los sentía como las cometas volando cuando era niño, o los días de novillos en la escuela para tocar la guitarra y cantar alegremente junto a las muchachas. O quizás como las fotos amarillas guardadas en una caja de madera bajo la cama, o las tardes de pesca junto a su padre o el inolvidable verano en que lo llevaron por primera vez quince días de vacaciones junto al mar.

Y cada uno de aquellos paisajes únicos, podían ser revividos solamente de ojos para pecho adentro, o de mano hacia papel en la noche… Pero nunca había logrado pintarlos.


Y ahora él, el hombre de las mil palabras, casi siempre más vivas en el papel que en los labios, se iba quedando sin ninguna conforme iba viendo crecer el alma viva de aquel cuadro, que llevaba ya incontables tardes contemplando mientras Anna no cesaba de seguir pintándole nuevas hojitas a su árbol…


Cómo describirle las sensaciones que le transmitía aquel crepúsculo. Cómo hablarle de su hermosura, sin que pareciera un mero cumplido de maestro a alumna.

Mil veces se había imaginado qué le diría cuando ella le preguntara, el día que al fin lo terminase, si le gustaba.

Y cómo iba a poder entonces explicarle, que aquella pintura se parecía tantísimo a uno de sus mejores “paisajes de adentro”.


Las manos de Anna seguían dándole vida a las ramas pobladas del viejo árbol.
Estaba más que dichosa, bastante más que satisfecha con su trabajo, aún completamente entregada a su mundo de colores, donde los tonos del fuego que ella sentía alumbrándola en secreto, revivían en mil matices plasmados junto a la caída del sol antes de fundirse con los azules clareándose en el horizonte.

Empezó a acariciar el cuadro con sus dedos y pasó por el viejo árbol, que ella había querido que pareciera mover las hojas en el lienzo, al compás de la brisa que se iba desvaneciendo ligera y liviana hasta el mar.

Como en esas horas, en que al caer la tarde, casi siempre se levanta un suave vientecillo que uno no sabe nunca de donde viene y tal vez sólo surja para anunciar a las gentes, que el día está llegando a su fin, que faltan muy pocos minutos para que la luz se rinda completamente ante la noche y el mundo que soñamos cada uno se empiece a despertar sigilosamente.


Se quedó pensando que le gustaba tanto, porque aquel cuadro hablaba de ella misma. Porque cada hojita pintada, había sido un pensamiento volado de dentro a fuera, un deseo enviado del corazón a la ilusión, un nuevo sueño por el que vivir antes de que llegaran los otoños a los árboles amontonando sobre sus raíces, aquellos millones de hojas, que cumplían solamente con su misión natural de ser momentos secos cayéndose.
Cayéndose para sembrar el suelo del largo invierno…


En aquel instante imaginó que el árbol de su cuadro sería perenne.
Al menos, así lo deseaba. Por eso, supo que ya había terminado. Ya no iba a pintarle hojas caídas sobre el suelo tal como ayer había estado pensando.

Así siempre habría una sombra apacible bajo él y un rumor de hojas danzando entre las ramas. Allí esperaría para poder contemplar el final de la tarde. Sentada en el banco que también había dibujado en primer plano, frente al mar azul de su cuadro.

Un árbol, un mar, un crepúsculo y un banco de madera. También cuatro razones para soñar. Y verse ella desde su imaginación sentada y el crepúsculo o el mismo mar contemplándola.


Sí, definitivamente sería un árbol perenne, sin apenas hojas secas caídas a sus pies, sin apenas olvidos meciéndose en los recuerdos.

Acababa de terminar su primer crepúsculo. Se puso de pie, para mirarlo desde un poquito más de distancia. Tardó dos minutos en llamarlo a él para enseñárselo:

_ ¡Armando! ¡Ven, al fin he terminado!_ le dijo mientras surgía en su cara una sonrisa inmensa.

Armando se acercaba en silencio. Su presagio había sido cierto. Aquella tarde Anna había acabado su crepúsculo y al fin estaba allí ahora de pie, junto a él, preguntándole:

_ Dime… ¿Te gusta?

Él solo pudo entre abrir los labios un poco para decirle en voz baja:

_ Sí. Me gusta.
_ ¿Vaya, sólo te gusta? ¿Pero te gusta un poquito…? ¿Mucho? _ dijo ella sosteniendo aún los pinceles entre sus dedos.
_ Me gusta. Me gusta muchísimo Anna_ contestó él con un temblor extraño en los ojos_ Muchísimo… ¿Y sabes porque me gusta tanto?


Ella esperaba ansiosa la respuesta…


_Me gusta, porque has logrado pintar tu primer “paisaje de adentro”.

Y Anna se quedó entonces sonriendo unos instantes, mirándolo en silencio, sin acabar de comprender del todo lo que quería decirle con aquello.

Mientras la imaginación de Armando empezaba a volar muy lejos de aquella sala, soñando como sería pintarla a ella, a uno de sus más hermosos "paisajes de adentro", antes de que llegara el próximo otoño cualquier tarde cerca del mar.

Obra: "El crepúsculo" de Anna Calero

viernes, 19 de febrero de 2010

El fuego de Eva

El fuego empieza donde acaba el miedo...
donde tu mundo se nutre de aire
donde la noche no te reclama
ninguna ausencia
y la vida no te mece
en brazos de nadie
***
El fuego empieza junto a la soledad
más brava
donde se apaga el abismo
de lo que fueron silencios
y la verdad ya no tiembla
a la sombra de la duda
ni del dolor callado
dentro del pecho
***
El fuego nace donde enciendes una chispa
a cada causa que emprendes
donde tienes un único nombre
y eres un millón de verbos
y a los ojos de los hombres
se hacen los tuyos
más cándidos
porque ahora son
de puro fuego
Y eternamente viva sabes...
que sigues siendo Eva
inmortal y pura
en busca del cósmico fuego
***
Y prendes una llama al alma
para seguir inspirándote
en las noches calladas
creyendo en ti
y en la mujer
que eres
a cada instante
de fuego
***
Aislada de frágiles recuerdos
te demudas de la piel
y los llevas hasta otro invierno
para llorar o morir
el día que te sientas
verdaderamente frágil o derrotada
y sin vida frente a los ojos
o sin el calor del fuego
***
Y sientes el ansia por oir
tu grito
contra la oreja abismal del mundo
y te haces verdad sin fronteras
llena la sangre de verde savia
de aire azul las mañanas
y de noche solamente
tu rito al fuego
***
Abriendo camino con los sueños
a ese amor hijo de tu sangre
que vibra cuando lo besas
vivir libre en un corazón
contenido ayer entre candados
mucho antes de que llegara
después de un largo invierno esa hoguera hasta tu pecho
***
Y amanece un nuevo ciclo
viviendo simplemente por lo que amas
y está latiendo contra tus senos
de mujer de aire
transpirando fuego en cada átomo
***
El fuego es la única fuerza
que me sostiene
cuando más aire me siento...
Me transforma en Eva:
una Eva única y distinta
desnuda
y
viva
indomable su aire...
Mujer
maternal
y tierna
descalzos los pies del alma
caminando a orillas de la aurora
para revivir por siempre
el fuego
***
...El fuego es la fuerza
que me sostiene
cuando más aire me siento...

A todas las mujeres de fuego
y especialmente a una:
Anna...mismamente ella: "La mujer de fuego"


Lucíabluesindreams

Las imágenes del fuego son de Josep Tomás