Mostrando entradas con la etiqueta poesía sin papeles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía sin papeles. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de julio de 2014

"Negra Bandera" me llaman, carta a Cuba (Reposición para Slam)



Recorro las aceras hasta el alba, madre. 
Ahora me llaman “Negra bandera".
Que ya no soy su “Pequeña flor”. Aquí ya van dos años de carrera en la vieja patria, o la vieja soy yo misma, con sólo veintiséis...
Y ya no quedó más flor que aquel capullo de don Ricardo, que se me cobró hasta al alma por hacerme dueña de una esquina donde no me veía nadie.
Pero ya me he hartao, madre ¡y al carajo con él! ¡Qué a mí me da lo mismo ser dueña de nada, a precio de unos oros que me desangran!
Por eso ando las calles, hasta que el pulso me revienta subida a estos tacones de pena, que yo le sigo comprando a mis chinitos.
Pero ya no le debo nada a nadie, madre. Y a veces; la suerte me sonríe porque yo me muevo y canto al son de mi Cuba, y mis nalgas se menean como aquí nadie sabe cuando  salen los lobos buscando tregua o alguna cordera con que apaciguar su sangre.
Que del viejo oficio, yo hago mis ganancias y a mí me pesa menos sabiendo que a usted le está ayudando largo, mi negra. 
Y hasta me quita el hambre y el tiritar de los huesos cuando hiela aquí en las calles.
Pero ahora ya es verano, mi negra. ¡Y qué lindo está mi niño Juan…!
¿Y dice usted que se le caen sus dientitos? Y su madre no está para verlo…
¡Háblele de mí, por Diosito! 
¡Qué no se olvide, mi negra! Háblele mucho y bien largo, dígale usted que sigo trabajando duro en ese hospital nuevo y que muy pronto voy a poder traerlos para acá a los dos.
Ay madre... Qué yo no quiero escribirle otra maldita carta embustera, a usted mi pobre vieja, mi negrita, que le debe estar contando a las comadres, que su Rosa está en España de enfermera...
¡Pero cómo contarle mi negra, cómo decirle a una madre!
¡Qué no he podido ser ni puta fina! Que sigo siendo la “Negra bandera”, que vivo haciendo las calles. Que soy la diplomada enfermera,  que aquí aun sin papeles entrega las flores de su vientre al precio que pagan por la carne que no se vende en los lugares esos donde nada a mares la champaña, que acá mire usted como es la cosa, le llaman cava… Y dicen, que se lo derraman entre las sedas las muy finas...
Pero yo no soy de esas, madre. ¡Yo, no soy de esas!

Y a eso de la las 6 de la madrugada, cuando el Raval empieza a dormir la pena de otra noche, Rosa se recoge sobre el camastro y apoyada en la pared empieza a escribir otra carta embustera. Que la de antes, ya está hecha un borrón de tanta lágrima.

“Madre, ¡Qué contenta estoy!  Y qué bonita sigo viendo Barcelona  y  qué buenos son en mi trabajo. Que hoy estaba medio malucha con esas cosas que nos pasan a las mujeres, usted ya sabe...
¡Y me han dado fiesta, mi negra!
Luego me he puesto mejor y  me he ido a pasear y le he comprado un coche teledirigido a mi Juanito y a usted una falda rebonita en el Corte Inglés, que es un sitio más  grande que el callejón del pito entero…
Imagínese mi negra... ¡Que allí hay de todo! ¡Allí hay de todo! 
Ya verá usted cuando se venga…


Su niña Rosa, que tantísimo les quiere.

jueves, 14 de octubre de 2010

Vídeopoemas: "Negra Bandera" me llaman...


"Negra Bandera" me llaman...






Iniciaré una etapa en la que subiré algún video-poema al blog, ya sean míos o de otras personas. Voy a irlos guardando en una página que encontraréis en la columna de la derecha y a la que he llamado “Al aire de una voz”.
Este primero: “Negra Bandera, me llaman” es bastante especial para mí, lo escribí porque he visto en mi trabajo situaciones parecidas a la que he querido plasmar en este poema-historia. Mujeres que sufren y a veces llegan al hospital malheridas “de la calle”.
Fue publicado en el mes de agosto en el blog de “Poesía sin papeles”
Y estoy contenta de que así fuese, porque mi deseo era compartirlo con muchas personas, y tratar de acariciar un poco el alma y las tristezas de personas que llevan vidas como las de  "Rosa", el personaje y la "voz" que narra este poema. 
Y que nos demos cuenta, de que historias como esta, suceden todos los días en nuestras ciudades, porqué estas personas llegan a hacer lo posible y lo imposible para ayudar a sus familias, que la mayoría de veces se encuentran muy lejos de ellos y necesitan inmensamente de esa ayuda. 
Y que nos demos también cuenta de que esto, básicamente, sucede, porque nosotros aún no sabemos ni ayudarles ni respetarles de la forma en que ellos se merecen que lo hagamos.
Me pregunto, qué esperaríamos encontrar para nosotros mismos, si un día, aquí, en esta piel de toro, se nos pusiesen las cosas tan feas que tuviésemos que partir, que tuviésemos que marcharnos sin más remedio bien lejos de todo lo nuestro, para poder sobrevivir con dignidad.
Creo que precisamente "eso" que esperaríamos o desearíamos encontrarnos fuera, cuando llegásemos a la nueva tierra completamente desamparados, debería ser lo mismo que estuviésemos ofreciendo aquí nosotros, ¿No pensáis?
Las fronteras y la intolerancia hacia aquello o aquellos  que sentimos “ajenos”  sólo las construye el hombre y sólo el hombre por lo tanto puede derribarlas. Nadie más. Y estoy llamando “hombre” a cada granito de arena que somos cada uno, y NO al estado y NO al gobierno, ni a cada uno de los hombres grises, que con su poder pretenden dominarnos en este mundo.
Si desde el corazón de cada hombre “grano de arena” lográsemos  llenarnos de respeto hacia los demás y lográsemos ser seres tolerantes,  aquellos que ahora sostienen la fuerza para derribarnos, para manipularnos a su antojo, para arrancarnos las esperanzas y manchar la moralidad de mujeres como la imaginaria “Rosa” del poema, no podrían ejercer ya poder alguno.

Quiero pensar que esto es posible, que no es mera utopía, que vamos a poder lograrlo tarde o temprano, por el bien de todos nosotros, por el bien de nuestros hijos, por dejarles en herencia unas circunstancias y unos valores mejores que los de estos momentos.

miércoles, 28 de julio de 2010

"Negra bandera" me llaman...























Recorro las aceras hasta el alba, madre.
Ahora me llaman “Negra bandera".
Que ya no soy aquella: “Pequeña flor”…
Aquí ya van dos años de carrera,
en la vieja patria,
o la vieja soy yo misma
con sólo veintitrés.

Y ya no quedó más flor
que aquel capullo de don Ricardo
que se me cobró hasta al alma
por hacerme dueña
de una miserable esquina
donde apenas nadie me veía.

Pero ya me he hartao
y al carajo con él, madre.
Que a mi me da lo mismo ser dueña de nada
a precio de unos oros que me desangren.
Por eso ando y ando y sonrío
hasta que el pulso me revienta en la punta
espachurrada de este dedo gordo 
de mi pie derecho,
subido a estos tacones de puta mierda
que sigo yo comprándole a mis chinitos.


Pero ya no le debo nada a nadie, madre.
Y muchas veces la suerte me sonríe
porque yo ando y canto al son de mi Cuba
y mis nalgas se menean
como nadie aquí sabe,
cuando al caer la tarde
salen los lobos buscando tregua
o alguna cordera con que apaciguar su sangre.
Y cómo le alivia el peso eso a usted madre…
Que del viejo oficio, yo me hago mis ganancias
y a mi me pesa mucho menos
sabiendo que a usted le está ayudando largo, mi negra.
Y hasta me quita el hambre
y ese tiritar de los huesos
cuando llueve sin parar
aquí en las calles.

Pero ahora ya es verano, mi negra.
Y que lindo está mi niño Juan…
Que ya son siete añítos ¿verdad?
Y dice usted que se le caen sus dientitos
Y su madre no está pa verlo…
Háblele de mí, mi negra
Qué no se olvide de su madre, por Diosito
Háblele mucho y bien largo,
dígale usted que sigo trabajando duro
en ese hospital nuevo de la ciudad
y que muy pronto voy a poder traerlos,
muy prontito para acá a los dos.

Ay madre, que yo no quiero escribirle
otra maldita carta embustera
a usted mi pobre vieja, mi negrita…
Que se debe estar pasando las horas
contándole a las comadres
que su Rosa está en España de enfermera.
Pero cómo contarle mi negra,
cómo decirle a una madre…
Que no he podido ser ni puta fina.
Que sigo siendo la “Negra bandera”
que vive haciendo las calles.
La “diplomada enfermera”
que aquí, aún sin papeles
entrega las flores de su vientre
al triste precio que se paga
por la carne que no se compra
en los lugares donde nada
a mares esa champaña,
que acá quieren llamarle cava,
y dicen, mire usted cómo es la cosa,
que hasta se lo derraman
las muy finas entre las sedas,
mientras aprietan pechuga contra
esos machos que tan bien pagan.
Pero yo no soy de esas madre,
no soy de esas…

Y a eso de la las 6 de la madrugada,
cuando el Raval empieza a dormir
la pena de otra noche,
esta “Rosa”, que sin papeles,
ni sedas, ni otro nombre en Barcelona
que el de “Negra bandera”
se recoge hecha un ovillo
sobre el camastro
y apoyada en la pared que tiene por cabecera
vuelve a escribir de su puño y letra
una nueva carta embustera.
Que la de antes ya está hecha un borrón
en el que nada se lee con tanta lágrima.

Y así, que cuando la que cuenta lo bonito
llegue a Cuba,
la vieja negra y el pequeño Juanito
sueñen el sueño más cercano,
la distancia menos lejana…
y España la tierra prometida
donde todo les sonría
cuando en una de esas cartas
al fin les llegue ese pasaje que esperan
con el alma en vilo
y el estómago pegando brincos.

“Madre, que contenta estoy,
 que bonita sigo viendo Barcelona
después de tanto tiempo viviendo acá…
Y  que buenos son en mi trabajo
que hoy estaba medio malucha
con esas cosas que nos pasan
a las mujeres, usted ya sabe,
y me dieron fiesta, mi negra…
Luego a  la tarde, 
me he puesto un poco mejor
y me he ido a pasearme por el centro
y le he comprado 
un coche teledirigido a Juan
y a usted una falda muy fina
y rebonita en el Corte Inglés,
 que es un sitio más  grande
que el callejón del pito enterito…
Imagínese mi negra,
Y allí hay de todo, allí hay de todo,
ya verá usted como es verdad
cuando se venga…”


su niña Rosa que tantísimo les quiere


mayde molina

*Esta no es una historia verdadera, pero sí que he visto más de una vez en el hospital donde trabajo mujeres de diferentes nacionalidades, que como "Rosa", dejan su piel en las calles, tratando de ganarse la vida y así poder ayudar a sus familias. Es para ellas, que escribo esta poesía, con todo mi respeto y el deseo de que sus vidas puedan un día retomar un camino que las haga más felices..

La negra flor
Fito- Homenaje a Radio Futura