miércoles, 11 de agosto de 2010

La escuela de la vida


Hace un tiempo, tuve un sueño bastante extraño.
Estaba en una habitación vacía, completamente sola, esperando a que llegase alguien.
Era una sala blanca, diáfana, con una gran pizarra situada al fondo y unas sillas dispuestas a lo largo de ella.
Cuando llevaba un rato allí esperando, llegó un hombre vestido con una túnica, como si se tratase de un monje tibetano. Iba descalzo y su mirada limpísima me traspasaba, conforme se iba aproximando a mí.
Nada más entrar él en aquella estancia,  sentí como me embriagaba una sensación de paz inmensa y recordé porqué estaba en aquel lugar,  a qué había ido exactamente.
Aquel hombre iba a revelarme todo acerca de la vida. Todo cuanto yo quisiera preguntarle o necesitase saber.
No hablábamos el mismo idioma, por eso él empezó a dibujar símbolos y unos dibujos maravillosos sobre la pizarra cuyo significado yo podía comprender poniendo solamente un poquito de imaginación.

Una por una fue respondiendo a todas mis preguntas, imagino que las típicas que nos hacemos la mayoría de mortales:

¿Qué hacía yo aquí, en este lugar, en este mundo, en este ahora?
¿Era bueno o no tan bueno soñar?... Soñar hasta cuando sabes que estás despierto, soñar a cada momento, vivir siempre soñando…
Por qué el amor  iba y venía y a veces te lastimaba y otras, sin embargo,  te hacía sentir el ser más dichoso de este mundo.
Por qué seguía yo, año tras año en mi trabajo, si ya no había nada allí que me hiciera sentir  mínimamente útil o feliz.
Cual era la razón de que el ser humano, se implicara tantas veces en cosas que no deseaba realmente con el corazón.
Por qué en algunas ocasiones cometíamos tantas maldades, cuando nos habían enseñado a ser desde niños “buenas personas”.
Pero sobretodo…
Cuál era nuestro camino o muestra “misión”. Sí es que había aquí “misiones” que cumplir.
Y por qué algunas veces nos costaba tanto levantarnos, después de algún fracaso, después de fallar en algo que confiábamos que debía habernos salido bien.
Por qué después de tanto tiempo yo aun no comprendía casi nada del sentido de esta vida. De mi vida…

¿Y de qué lugar venimos, hacia dónde vamos?... Sí es que nos dirigimos todos hacia el mismo lugar…

Al mismo lugar los tristes que los alegres, los pobres que los ricos, los poetas que los escritores, los músicos que los ladrones, los abogados que los médicos, los que hablan que los que callan, los que hieren que los que aman, los que matan,  los que salvan vidas, los que sufren, los que padecen, los que entregan, los que gozan…
¿Hacia dónde íbamos cada uno de nosotros?
¿Qué cielo nos estábamos ganando?… Sí es que había, algún cielo que ganarse o que perder.

Aquel hombre, tuvo una santa paciencia conmigo. Estuvimos “conversando” toda la noche, mientras yo dormía sobre mi cama.
Y me sentía inmensamente feliz de saber por fin  las respuesta a cada una de mis eternas preguntas, aquellas que había empezado a hacerme ya desde que era una  adolescente.
Una a una se iban desvelando por fin frente a mis ojos. A veces mediante símbolos que él trazaba en la pizarra, otras a través de esos dibujos maravillosos y llenos de vida que plasmaba con sus tizas de colores.

Recuerdo que hasta tomé algunos apuntes para no olvidarme de nada. Cómo si estuviese de nuevo en la escuela. Porque en ese sueño, aquella sala era:
La Escuela de la Vida.

Lo más terrible de todo, fue que al despertarme no pude recordar apenas nada de lo que él me había explicado tan detalladamente.
Traté de concentrarme mucho, pero fue inútil. La pizarra de mi mente se había quedado prácticamente en blanco. Y mi libreta de apuntes era solamente un objeto perdido en  aquel extraño sueño.

Sí pude recordar,  la presencia y la fuerza de sus ojos entrando en mi, en mi interior, durante todo el tiempo que estuvimos juntos, mientras él había ido leyendo cada uno de mis pensamientos y de mis dudas.
Recordé también, después de mucho esfuerzo,  aquel momento en que cuando yo le había preguntado acerca del mundo de los sueños, por qué yo soñaba tanto, sí eso era bueno y conveniente, sí estaba bien soñar... Una sonrisa inmensa se había apoderado de su rostro y  sus ojos se había empezado a iluminar, mientras dibujaba en la pizarra un inmenso arco iris y unos niños que estaban jugando por delante de él, en un gran prado. Y detrás del arco iris, esos niños eran ya hombres pero con las mismas caras de los niños que estaban jugando por delante de él.

Yo estaba allí también plasmada en aquel cuadro que él había pintado sobre la pizarra, y me vi en la cara de una niña que jugaba sentada en la hierba con su muñeca y en la cara de una mujer que iba  caminando hacia algún lugar detrás de el arco iris, junto al resto de los hombres.

Hoy quiero pensar que aquel hombre tan sabio de mi sueño, pretendía hacerme comprender a través de aquellos hermosos dibujos, que sí,  que soñar es algo bueno y necesario. Me atrevería a decir ahora, que bastante bueno incluso.
Porque al menos, a través de nuestros sueños, podemos llegar a atravesar el arco iris, a llenarnos de vida, de luz,  de color y seguir siendo niños.

No puedo recordar tampoco, en qué lugar del cuadro de su arco iris estaban situados los niños y los hombres que no soñaban, los que no se atrevían a hacerlo.



4 comentarios:

Laura Caro dijo...

Los hombres que no sueñan deben ser almas en pena. No pueden esta nada más que prendidos en una gran soledad interior.
Un abrazo grande, Mayde.

MURIOLAMAGIA dijo...

sabes...? creo que soñabas lo que cada uno de nosotros en algún momento de su vida ha soñado. Descubrir el porque de las cosas, sensaciones, sentimientos y el porque de la vida y el porque de para que la vivimos.
Son creo yo, las respuestas que nunca podremos averiguar en los sueños aunque soñar sea una de la cosas mas maravillosa que puede hacer y disfrutar el ser humano.
Sé que las respuestas la tendré que averiguar mientras voy viviendo pero...me gusta intentar averigualas...soñando.


Mi mejor sonrisa para ti

Leonel dijo...

Creo que sin sueños tendríamos muy poco que aportar al destino, por suerte soñamos, y esto nos hace vivir cada día por un objetivo, por algo nuevo que alcanza.
Precioso tu escrito Mayde.

Carmela dijo...

Seguro que los que no soñaban estaban al pie del arco iris sin ver sus colores.
Un bico