lunes, 30 de agosto de 2010

Insomnio y Devoluciones






Si yo te había imaginado en un lienzo, en el agua y las espumas azules de este mar. Si yo quería ser el beso de tus besos, el fuego sin hoguera de vanidades, el fuego sin más fuego que el mismo cauce o la fuerza del deseo, que nos supiese soñar a tiempo: amor despiertos, tan despiertos y tan sueño como amor…

Si yo quería sentir solamente pura la caricia, pura la magia y el instante, pura la quimera o el excelso, puro  el deseo, para encendernos aún en vida veinte mil sueños más, en un lienzo frente al mar. Y tener siempre  la danza libre, puesta en el aire; en el que nadie nos viese,  ni alcanzase, en el que nada más importase que sabernos dueños de nuestro vuelo, en el que yo sólo a ti el fuego y tú a mí el aire vivo.

Si yo toda pasión al descubierto, pasión sin por qué ocultarme, pasión de las antiguas, de las de antes, de las que hoy ya nadie quiere para que no le duelan, ni le desgarren ni un ápice invisible de la carne, aún sabiendo que el no desgarro pueda ser vivirse en un amor a medias tintas, vivirse en un amor fresco de alcoba, pero no en un amor de amor adentro, y de dentro a fuera saber como alcanzar la timidez azul del cielo.

Si aquí sentada, al encuentro de mi noche insomne, en este rincón de mi escritorio, ventana abierta al mundo, donde me escondía yo del mundo por si aparecías tú, por si tú tampoco habías podido dormirte y en tu ventana mundo tal vez pudieses andar buscándome a mí también en alguna noche insomne.

Si ya te había escrito más de cien mil palabras, como para llenar un libro, como para empapelar mi cuarto entero, o como si al ponerlas en fila y de una en una, viajeras todas ellas,  pudiesen dar la vuelta a España sin que tú las vieras ni pudieses comprenderlas…

Si al fin me estaban regresando una tras otra, para llegar desnudas  y en fila nuevamente hasta mis manos…Eso era, amor, que ya había llegado el momento de las devoluciones.

Por eso yo estos días volé liviana, volé sin cargas, ni equipaje, sin nudo en la garganta, ni amarre en el pecho, ni más canción que reclamarte. Volé tan solamente retorno hacia mi origen, hacia  mi buscarme aquí dentro, hacia mi calma solitaria aquí, donde si hay magia, es la realidad viva que a fin de cuentas, me acaba siempre devolviendo al centro de este corazón que aún al paso de los años me sigo viendo demasiado salvaje. Que ahora tal vez ya comprendo mejor, que si a pasos por la vida sigue rugiéndome amor-instinto, debe ser por el pedazo de selva primitiva que tuvieron que ponerme aquí dentro, para que yo tuviese la tarea de aprenderme entera en esta vida.
Ser consciente, de que  volveré a sentirme rugir de selva,  a necesitar algún león rugiendo fuera, y a volarme del aire y a bajarme del sueño cuando el sueño ya no vuele frente a mis ojos. Por eso me gusta creer que soy aún un ser valiente, por saber volar el alma, aunque habrá muchos que piense que eso es ser cobarde, pero yo siento que no, que se equivocan, que volar es siempre ser valiente, porque es salvarse cuando la tierra no te sostiene.

Por eso hoy  necesito devoluciones y todo el aire del mundo.
Y hacernos libres de cualquier sombra que nos aturda a ti o  a mí.
A ti todo lo tuyo y a mí lo mío, al aire su silencio y su lenguaje, al fuego sus versos y sus ascuas, al viento mi mejor deseo para que te encuentre un sueño que te sacie por completo,  que te alcance y que te entregue la quimera que yo no pude darte.
A mí, me voy recolocando en su lugar preciso, pasito a paso, alma y alas de verano, mi fuerza de selva dentro. Mi pasión por las pasiones verdaderas,  mi nueva paz en la cordura y mi razón de ser: nada más lo que sé ser. Sin lamentarme frente al mundo, ni frente al hombre.  
Tener mi búsqueda constante abierta, mis mil millones de preguntas a esta vida sin respuestas, mi necesidad de mar, también rugiendo delante de la ventana, mirándolo con ojos fijos y bien abiertos para poder escribirle sobre cualquier cosa…

… Y A ti, yo creo que ya lo sabes… todo mi respeto siempre, por ser tú como fuiste: azul y grande para mi sueño, dejarte allí tranquilo en tu estancia de amor silencio, amarte solamente en mi recuerdo, en un pedazo de esta máquina salvaje de selva y sangre que me late. Saber que eres libre como el aire, libre navío y navegante, que siempre buscarás azul de cielos y de mares y encontrarás en el camino verdades y esperanzas.

Y mi amor, sueño de ti, cediéndose también ya libre al viento, a las nubes, a tus velas de navío sin amarres, a la misma libertad que compartimos, que a veces de tan libre nos viene grande.
Yo sé que ya sí puedo ser paz en ti y en mí, que ya no queda llanto, ni orgullo malherido, ni lamento por nada, ni sentirnos culpables, ni reproches.
Que ya no voy a necesitar más, mandarte  sacos rotos de palabras viajeras, solamente una manta imaginaria, de color azul intenso, que estuve tejiendo en el insomnio absurdo de alguna noche.
Para que así puedas cubrirte, navío bajo las estrellas, envolverte si es preciso, si te hace falta. Si alguna vez cuando no esté, sientes un ápice del frío que yo jamás quiero que sientas.
Saber que solamente yo puedo sentirlo, que aún tirito y me estremezco cuando vuelve a punzarme corazón de selva a dentro, aquellas frases que alguien tuvo que escribirle a la “mujer del aire”, para que desde entonces yo aprendiese a tejer mejor los sueños o en su ausencia mantas azules…

“Las mujeres de aire, cuando se van, dejan un frío intenso en el alma…
” 
 

Hoy regreso sólo amor a ti por un instante, amor fugaz como una estrella de la noche, palabra viajera, que te deje de aquel sueño nuestro tan solo alguna hermosa imagen, que te envuelva en un abrazo sin tiempo, que el tiempo nos lo devuelva tierno e inmenso a nuestros brazos, si algún día nos reencuentra, y un beso para siempre y estos versos de una gran mujer poeta, que sabe expresarse sentimiento cien mil veces mejor que yo, para que puedan hablarte también un poco de mí al mismo tiempo que de ella…








Devoluciones de Gioconda Belli

Devuélveme mi corazón, viajero.
Tú te irás –me lo dices-,
montado en alado Pegaso te alejarás
y dejarás sólo noches solas a mi alrededor.
Por esto, antes de que dobles el hueco del camino,
debes dejarme puesto en el pecho el corazón.
No te atrevas a llevártelo escondido en el equipaje
tentado por el deseo de acariciarlo
cuando encuentres que no encuentras otro
tan rojo, tan amante, tan lleno de cantos para vos.
Debes devolverme la roja lámpara
que alumbrará otros caminos andantes de mi pecho.
Debes dejármelo palpitando, trasplantado,
un poco enfermo seguramente,
pero vivo y aleteando vida.
Yo envolveré en una manta mis largos pies.
Te los daré para que, nerviosos, te sigan,
para que ellos vuelvan a traerte todo mi cuerpo
si alguna vez quieres trópico y corazón del sol
cuando el frío y las luces de neón
te rodeen como ejércitos enemigos.

Ana Carolina e Seu Jorge- è isso ai





3 comentarios:

Leonel dijo...

Me gusta el aire azul de esa mujer , aunque sentencie que deja el frío intenso, en el alma, creo que lo deja a quien es ya frío allí adentro.
Me encanta tu poema en prosa, Mayde.

Un beso grande.
Leo.
PS. Sabes que, Gioconda Belli, es una de las poetas latinoamericanas que yo adoro? ;)

Laura Caro dijo...

Es sublime, Mayde.
Tu torrente de palabras en la paz de los recuerdos, donde aún late en una agitación aparentemente controlada esa pasión de selva.
Me encanta, preciosa.
Un abrazo fuerte.

Mayde Molina dijo...

Leo,
mira que encontré... en el siglo pasado ya hablaban de la mujer de aire,... que curioso, te dejo el link para que veas, un día de estos les pediré permiso a las personas de esa página para subirlo aquí al blog:

http://www.letropolis.com.ar/2007/06/ortiz.poemas.htm
es el último poema de la página. Se llama "yo adoro"

Besos, y dulces sueños


Laura,
Muchas gracias, a mi me parece terriblemente largo, pero vaya la selva esa me lo pedía así...
Besos