domingo, 7 de septiembre de 2008

Recuerdos





Tenía 9 años y una pluma roja entre las manos. Se deslizaba como hechizada, quería trazar pensamientos que parecían venir de un sueño traído por mi niña de aire.

Pero aún eran pocos los años y muchos los recuerdos que plasmar sobre el papel, por eso entonces sólo fui capaz de escribir tu nombre: María.
Se grabaron en mi memoria todas las caricias que de niña me diste y las tardes de cuentos junto a la chimenea. Tu voz dulce y una de tus manos uniendo un mechón blanco que escapaba del moño que te recogías tras la nuca. La otra, la tenías posada sobre la piel blanca de tu pecho y de él se escapaba la fragancia de pétalos de rosa. Cómo me gustaba olerte de cerca...

Aún me abriga el recuerdo de tus ojos transparentes velando cada espacio de mi niñez. Mirada azul como un pálido lienzo, que el mejor pintor no hubiese podido plasmar por no saber que color escoger. Pues a cada destello de luz que recibían tus ojos se transformaban.
Tenías fuego y brisa en la mirada y arrugas junto los labios que tanto dolor silenciaron. Recuerdo aquellos días en que escondías tu pequeña fortuna tras el mueble de la alacena, sin que el abuelo supiese que eras tú la que me llenaba los bolsillos de monedas.

Me conmuevo pensando en los silencios que nadie más que tú supo ver. En aquellos sueños que al ser de aire, eran tan frágiles como una luna de diciembre.

Yo quería contar cuentos como tú, pero sólo tenía 9 años cuando te marchaste. Cuando juntaste todas las monedas de la alacena para comprarme aquella pluma roja con la que hoy al fin puedo escribirte mis cuentos.

Lucíabluesindreams

martes, 6 de mayo de 2008

UN MAR DE AZUL, Silvia Manzana
















Todas las cosas buenas alguien decidió un día pintarlas de azul. El mar, el cielo, la sangre de los reyes, las plumas de los pájaros del paraíso, el vestido de la Cenicienta transformada en doncella, los ojos de los querubines, el príncipe que ha de rescatar a cualquier mujer, los pitufos, la habitación de un niño que todavía no ha nacido. A partir de ahora quiero que tus ganas de verme sean azules, y que tus miedos y tus esperanzas ya no sean verdes nunca más, sino también azules.

Lo único que no quiero que cambie su color son la pasión y tus ojos.
La pasión la necesito roja, como la lava, como la sangre, como todas las cosas que nunca pueden quedarse quietas.
Y tus ojos, los quiero negros, como la noche, como la muerte, como todas las cosas que nos llenan de inquietantes silencios.

Silvia Manzana
"Un mar azul"
fragmento de: "La hora bruja"