sábado, 31 de julio de 2010


















“Ver pasar la vida” de Teresa Salvador, “Fábulas” en Flickr



Llevaba dentro del pecho un saco de versos rotos
en nombre del olvido…
Pero el olvido no tuvo oídos ni voz 
para su nombre
y ella le había escrito un argumento completo
de sueños y vigilias, 
de verdes esperanzas entrelazándose
que sin compás ni sentido se perdían 
en el sonido del teclado repicando 
bajo sus dedos…
.

Y estuvo escribiendo versos 
para sí misma.
Para huir del tiempo perezoso…
Para salir de esa jaula, que aún sin rejas,
la tuvo hecha la presa de tus imposibles alas.
Y escribió para sostenerse, 
para labrarse un camino 
más allá del aire,
para evitar que el delirio volviese 
a acorralarla o a tumbarla boca abajo
en la misma cuerda floja y suspendida
de la que ya se había caído más de una vez
cuando sin darse apenas cuenta, 
volvía a ser la niña eterna, 
en vez de la mujer del aire.

Ya casi estaba a salvo, 
el tiempo transcurría detrás de cada palabra sin respuesta,
pero tuvo nuevamente que hacer un giro en redondo y regresar a ti.
Y en un último intento de ablandarte, 
escribió con fuego y llamas 
al sueño perdido,
poniendo el alma al descubierto 
ante aquello que ya no era ni sueño,
ni alimento,  gracias al peso de tu olvido.

Y tras el cielo roto la huída y el desamparo,
volver al mundo niño, 
al del silencio del agua, 
al de la ausencia de realidades
flotando frente a los ojos, 
confundiendo tras el cristal el color de las nubes,
el sonido del viento, el letargo de las noches.

Ella no quería ni escucharme,
se abanderaba aún al olor ya imperceptible 
de tu recuerdo,
al huracán de tu mundo y de tus verbos, 
al agua imposible de ser lágrima 
derramándose bajo tus ojos.
Y sólo escribía y escribía a labios mudos 
y oídos sordos
o musitaba tras leerte 
un hálito de corazón latiendo 
en cada uno de tus versos…
¿Hacia dónde irías tanto tiempo 
con el peso de tu orgullo sobre los hombros?
Y sí habría, si aún acaso habría 
algún rincón recóndito
en el fondo de tu pecho 
dónde temblara todavía 
el eco de su voz en tu silencio.

Y yo sólo podía decirle:
Qué más da, qué importa eso ahora…
Tú camina hacia delante, vive hacia delante,
no te detengas, no pares, no mires más atrás, 
vuela.
Sueña con un hombre que sueñe de verdad, 
con un sueño que se sostenga,
con un tiempo donde el amor no tiemble, 
ni huya tras las sombras desdibujándose.

Y detrás de un sólo verbo tuyo,
más allá del esfuerzo que te costaba 
pronunciarte labios,
la vida seguía siendo montones de papel
entre tus manos, seguir buscándote 
y hallarte en un mundo que latía entre las letras
y el humo flotante de un cigarro.
Y aquel verbo de tus labios, que ella esperaba suplicante
jamás llegó a pronunciarse.

Entonces fui yo, 
la que tuvo que enseñarle a dejar de hacer por ti…
A dejar de escribir poemas tristes 
o enardecidos para ti,
a dejar de pintarte cielos limpios en sus sueños
tintineando tras las sombras 
de la verdadera luz.
A vivir y a respirar de su aire y en su aire, 
a su aire, en su elemento.
A dejar de ser bonita, 
para que la vieses bonita cuando ella ya lo era,
antes de que llegases tú.

Y al fin lo logré, palabra tras palabra la sostuve, 
verdad tras verdad lo conseguí.
Se fue volando de su llanto, 
desplegando las alas sobre cada sueño roto,
de nuevo libres y abiertas hacia el azul del mar…

Y yo supe que iba a ser capaz de hacerlo, 
en aquel preciso instante,
cuando pude ver un rostro nuevo frente a mis ojos
al decirle que la falta de respuesta, 
era la respuesta más rotunda
que podía esperar de ti.
Y que aún sin ojos, sin voz y sin palabras,
estabas siendo la sin razón perfecta 
que ella había estado buscando desesperada,
sin ni siquiera haber tenido que someterte 
al inmenso esfuerzo
de despegar los labios…

Y sí es verdad lo que dije, improvisando, cierto,
pero poniendo mi corazón abierto 
entre sus manos…
Esa víscera con alma 
que alberga cada latido que desprendemos,
solamente una vez puede quebrarse por completo
y lo que venga después, son pequeños rasguños
que por un tiempo nos arden hasta que sanan.
Porque el órgano más sabio y dúctil 
de nuestros cuerpos,
de todo se recompone y aprende a elastificarse
igual que el alma a hacerse blanda, 
doblándose como un junco
para no quebrarse bajo el sol.

Y así, con aquella verdad improvisada temblando 
aún entre mis labios
ya no tendría que dolerle más 
ni un sólo rastro de tu rasguño…

Y sin más dudas, ni misterios, 
sin más ayeres, ni romances, ni mañanas inciertos 
flotando sobre las nubes…

Ese silencio desalmado 
que tenías amarrado en el centro de las tripas
la había curado al fin a ella tanto de ti
como a ti te había llevado al saco sin fondo de tu olvido.

Lucíabluesindreams





4 comentarios:

Amelia Díaz dijo...

AMÉN !!!

Perfecto,preciosa.

Laura Caro dijo...

Estoy reuniendo en mi alma y en mis brazos todos los sentimientos que me provoca tu dolor por el desamor y cuando te vea en septiembre voy a darte un abrazo tan grande...
Cuídate mucho, guapa.
Porque tú lo vales.
Un besazo.

Jose Zúñiga dijo...

Me gustan estos desahogos tuyos. Me gusta cómo te miras y te escribes.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Mayde, no tengo dudas que tu escribes estos versos con el alma al aire, se nota, se siente. Un placer leerte.

Un abrazo.

PD: me gusta que redujeras tu blog a dos columnas; ahora la lectura se hace más sencilla -en lo visual me refiero, por supuesto-.