martes, 17 de agosto de 2010

TODO VUELVE A SER AZUL, RELATO 3ª PARTE





Pasé aún un largo tiempo encajado entre sus paredes, ni siquiera me atrevía a abrir los ojos, pero de repente, algo terriblemente frío se aferró a mi cabeza y empezó a tirar de ella, mientras yo iba perdiendo el latido acelerado, de mi madre tras mi cuerpo.

Una luz cegadora, me estaba deslumbrando, a pesar de que mis ojos querían seguir cerrados.
Aquellas palas, asidas a mi cráneo, me presionaban de tal manera, que ni siquiera era capaz de concentrarme en pensar.
Estaba anclado allí de tal forma, me dolía tanto, que apenas podía distinguir si el dolor era solamente en mi cráneo o se había extendido a todo mi cuerpo...
En ese momento no tuve dudas. Tenía que salir de allí, escapar de tan inmensa agonía.
Logré concentrar toda mi energía, pensé en la fuerza de mi estrella y en un último impulso: salí, dejando atrás el ritmo de mis propios latidos.

Me quedé flotando en el aire, tal cómo estoy en estos momentos, observándolo todo desde arriba.

Vi como seguían tirando de mi cabeza con aquellas palas metálicas y frías y cómo finalmente lograban. Sacaron del interior de mi madre, mi pequeño cuerpo ya sin vida.

Uno de los hombres lo cogió por los pies, zarandeándolo con energía, mientras mi madre contemplaba la escena con la respiración entrecortada y el rostro inundado en lágrimas.

Nadie estaba haciendo nada por ella, sólo había un hombre a su lado que le estaba cogiendo una mano con todas sus fuerzas.
Todos los demás se movían nerviosos, tocando aquel cuerpo inerte del cual yo me había desprendido. Sentí que alguien murmuraba en voz muy baja: "¡Lo hemos perdido!" y al escuchar aquellas palabras, mi madre estalló en un llanto que me desgarró completamente.

Empecé a preguntarme, cómo si ella estaba sintiendo aquel dolor, no escapaba de su cuerpo como yo mismo había hecho minutos antes.

Tuve que acercarme mucho hasta ella para ver la bruma de luz azul que la rodeaba. Ya no era la misma que yo había visto mientras estaba al otro lado.
Entonces me di cuenta de todo, no era su cuerpo ya el que estaba padeciendo aquel dolor tan espantoso, era su alma de luz... ¡Se estaba apagando!
El hombre, que antes le sostenía las manos,  lloraba ahora roto, apoyando su cabeza junto al rostro de mi madre.
Le oí balbucear algunas palabras entrecortadas y entonces puede reconocer su voz, la había sentido muchas veces mezclada con la de mi madre. Era mi padre.

Sentí y vi con mis propios ojos todo lo horrible que se presentaba este mundo: terriblemente frío,  con aquella luz blanca y cegadora inundando toda la estancia en que nos encontrábamos.
Nada era azul, ni había rastro de paz alguna en mí.
Sentí que no era capaz de vivir en un lugar cómo ese. Había llegado el momento de partir definitivamente de allí. Miré hacia arriba, invocando a mi estrella. ¿Dónde estaba ahora el camino de regreso?, ¿Acaso podría  también mi madre venir allí conmigo?
Traté de hablarle, pero no pudo comprenderme, no entendía el lenguaje en el que yo trataba de comunicarme con ella.

De repente, sentí una extraña fuerza que me atraía hacia su pecho, quise estar unos instantes junto a ella, a su lado. Algo empezaba a decirme, que no podía marcharme de aquel modo, después de ese largo tiempo en que había estado viviendo en el interior de su ser.
Pasé frente a mi pequeño cuerpo, vi un hilo plateado practicamente imperceptible, que me unía todavía a él.
En aquel momento sentí un fuerte deseo de volver a tomarlo, de regresar, a pesar del dolor que pudiese causarme de nuevo la experiencia.
Me concentré pensado en aquella luz rosada, que lo envolvía todo cuando yo entré por primera vez en este mundo y en la aureola  que el cuerpo de mi madre desprendía cuando yo la vi, antes de entrar en el interior de su ser.

Sentí una fuerte sacudida. Una corriente energética me estremeció. Sorprendido me di cuenta que ya no existía el dolor. Ya sólo sentía frío, mucho, mucho frío...

Empecé a mover mis pequeños brazos, aturdido. Alguien se abalanzó rápidamente sobre mí, al darse cuenta de mis  movimientos. Me cogieron nuevamente por los pies, palmeando esta vez con suavidad mi espalda.

Un aire espeso estaba penetrando a través de mi boca llegando cómo una ráfaga hasta el centro de mi pecho. Algo se me quebró por un instante dentro y sentí aquella punzada que el aire clavaba en mi interior y estallé en un inmenso llanto.

Aquel hombre que me sostenía, gritó al instante en voz alta: “¡Está vivo!, ¡Está vivo!, ¡Es increíble!".

Me cubrió rápidamente con una tela muy suave. Me puso sobre el pecho de mi madre. Abrí los ojos y pude ver su rostro y cómo brillaba de nuevo aquella luz tan hermosa que lo rodeaba. Había dejado de llorar y cobijaba entre sus brazos tiernamente mi cuerpo, mientras empezaba a arrullarme contra su pecho.
Sentí como mi padre también me tocaba; deslizando suavemente una mano por mi cabeza y cogiendo con su otra mano, una de las mías, como si fuese el tesoro más grande del mundo.

Una oleada de calor me estremeció por completo, cuando al silenciar mi llanto pude sentir a través del pecho de mi madre de nuevo el latido de su corazón. Aquel sonido tan familiar que siempre lograba devolverme la paz y la calma.

Decidí quedarme allí para siempre, aprender a vivir al lado de su corazón, y empecé al fin a comprender lo que acababa de sucederme…

Había nacido en el mundo de los hombres.

Pasaron apenas unos minutos y yo me iba sintiendo cada vez mejor entre sus brazos. Me sumergí en el olvido, mientras lloraba y lloraba de frío, hasta que me quedé completamente dormido, sobre su pecho.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, ahora ya soy un anciano, con un cuerpo tan grande y viejo que últimamente hacía que me sintiese demasiado torpe y cansado.

Recuerdo los sueños de los últimos días aquí en la tierra; alguien me pedía que me retirase, que regresara al espacio donde el cuerpo no es necesario.

Hoy sé que cumplí la meta que me trazaron.
Aprendí a vivir en este mundo tan raro, tan denso, tan extraño y tan confuso.
Conocí la risa intensa y el llanto amargo, el dolor y el placer pegado al cuerpo y al alma. Vi a mi alrededor hombres bondadosos y hombres terribles, animales vivos y animales muertos por esos hombres mezquinos.
He sido niño y hombre, amigo y enemigo, hijo y padre, amado y amante.
Sí, he sido amado y amante, pero sobre todo he sido hasta al final, la luz y la sombra de mi propio reflejo interno, aquel que nació en el alma de una estrella.

Ahora solo deseo volver junto a ella. No quisiera escapar esta vez del olvido, pero aún desconozco lo que va a sucederme.
Vuelven a pasar todas las imágenes de nuevo fugaces frente a mí…
Veo en una proyección inmensa toda mi vida. Pasan velozmente cada uno de los sentimientos que me han acompañado en este camino, las sensaciones que he vivido, los mejores recuerdos, los más bellos y todo aquello que no desearía olvidar, sino llevarme conmigo, para contarle a mi estrella.

Empiezo a regresar al sueño en el que vuelvo a ver a todas mis almas más queridas: a mi madre, a mi amada María, a mi estrella. Me siento empujado por esa extraña fuerza del cielo que me obliga a salir del tiempo, de la carne vieja y arrugada.
Aparece de nuevo el túnel frente a mi, su increíble y maravillosa luz, inundándolo todo. Primero rosada, luego color oro y allí al final del camino, al fondo del trayecto....
Azul, azul, intensamente azul índigo.

Hoy es viernes de un día de la Era de Acuario. Sé que está reinando piscis en el cielo estelar, el último signo del camino del alma. El final de la rueda.

Todo es azul de nuevo. Índigo, como el lugar al que pertenezco y al que estoy regresando, en un largo sueño, flotando entre nubes de brumas azules y doradas esperanzas de reencuentro.

Fin





6 comentarios:

Taty Cascada dijo...

Mayde, me emocionaste, porque yo años atrás estuve a punto de perder a mi primera hija, recuerdo esos momentos y los ojos se me nublan....
Un beso.

reltih dijo...

siempre es un gran placer pasar por tu extencidad.
besos

TERTULIANA dijo...

http://iiiencuentropoesiaenred.blogspot.com/
Nueva entrada

Leonel dijo...

Mayde esperé a leer la tercera parte para comentar tu historia. Hoy aproveché para leer en secuencia completa las tres partes, y el resultado es este, aquí estoy con los ojos bañados, y conmovido, casi sin palabras para expresarte cuanto me haya gustado este viaje que entrelaza la vida y la muerte, en este modo casi etéreo. Es fantástico como lo has logrado, Mayde.
Un placer leerte.
Besos para ti.
Leo

Mayde Molina dijo...

Taty, querida, yo no quería entristecerte. Yo también tuve una experiencia así, por eso se me ocurrió escribir como se debe sentir un bebé cuando llega.
Muchos besos, querida amiga

Reltih, el placer es mío por tenerte cerca con nuestras palabras, aún en la larga distancia, siempre cerca
Besos

Leonel, muchísimas gracias a ti, que sabes ser siempre un hombre tierno y sensible y te llenas de palabras para mi que me animan a seguir escribiendo, aunque se nublen tus ojos :)

Un beso grande, para ti

Mayde Molina dijo...

¡Muchísimas gracias Jesús!
ya falta menos para el encuentro
Un abrazo