martes, 22 de junio de 2010

Nil, volcán azul de mis dichas



A mi hijo Nil...

Pequeño futbolista
ya eras en mi vientre;
y aunque tú no lo recuerdes
ahora…
una y mil veces,
las tremendas pataditas
que me dabas
gritaban sin voz ni llanto,
desde muy adentro:
“aquí vengo y aquí estoy yo”


…mientras yo me preguntaba,
sosteniéndome con fuerza
aquella inmensa panza,
que de ti aún me separaba,
porqué las noches y los días
junto a tu padre
ya no eran los mundos
de un sólo mundo
y el no sostenerse la mirada
le iba ganando día tras día
el tiempo a las caricias
y a la esperanza


Por suerte dicen,
que te pareces mucho a mi,
en casi todo,
y aunque eso no tenga
demasiada importancia
y yo no sepa verlo
tan bien como ellos,
sí ví siempre tus gestos
y como en cada uno
tratabas de imitarme,
siendo el aprendiz
más veloz y astuto
de mis pasos


Siempre,
vi en ti:
al gran maestro,
al niño que siendo
pura vida,
me enseñaba la vida a mi
viviéndote tú incansable
en cada uno de los minutos
y siendo el domador
más fiero
de mi escasa paciencia
cuando eras solamente,
el pequeño de casi
tres años
y ya eras el dueño
de los mil porqués...
Y nunca te bastó
el “porque sí”
o el:
“ahora no es el mejor
momento”


Y así era,
que siempre se hacía preciso
irte relatando la vida a pedacitos,
para que en cada instante de ella,
tu cabecita inquieta
de niño-esponja
se bebiera y aprendiera
sus detalles al milímetro


Y así crecimos los dos,
mano a mano
y paso a paso,
mientras jugábamos
con el tiempo que teníamos
para estirar más largos los juegos
y cuando llegaba la noche
y el guardián de los sueños
quería venir a vencernos,
nos inventábamos
los cuentos prodigiosos
en los que tú eras siempre:
el héroe
y yo la princesa
de las manos blancas


Y ahora que te me
vas haciendo mayor,
así tan de repente,
casi sin que pueda darme cuenta
y retenerte siempre
conmigo niño,
me miras
y me hablas de tu mundo
y de tus proyectos tiernos
de tierna y reciente infancia:
del futbolista en el que tal vez
te convertirás mañana
y así extiendes los brazos
para expresarlo más grande
y así me dibujas la sonrisa
con tu dicha
y con el brillo de tu ser
conteniendo al mismo sol
en su interior


Y cuando llegan los días
más tristes,
aquí en mi llanto
ese en el que tú,
te bañas sin verlo
ni saberlo con tu risa

…las lágrimas
se me hacen invisibles
para el mundo
y son solamente
un pequeño brillo trémulo
e instantáneo
tras mis ojos,
y ya no caen,

ni buscan su sal,
ni su origen,
solamente
se quedan
aquí prendidas
a la luz
que por tu luz
brilla siempre
en mi mirarte a ti…

Nil, volcán azul de mis dichas


mayde molina

5 comentarios:

eloy dijo...

Cuando el hijo crece tan deprisa parece que su vida se nos escapa, se nos va poco a poco, y eso nos angustia. Cuando nos damos cuenta de que ellos son una parte nuestra y que siempre estarán allí, pero debemos aprender a darles su espacio propio, y aprender a crecer con ellos.

Me he sentido muy identificado con tu precioso poema, aunque soy hombre y eso varía algunas cosas, pero en el fondo las emociones son las mismas.
Suerte a Nil en ese difícil proceso que es crecer en este mundo tan ... complejo, y enhorabuena por tener una madre que le escribe esas palabras que derrochan pasión y amor.

besos.

Paloma Corrales dijo...

Recién llegada te leo y me empapo de tu amor y de tu ternura, de tus palabras y tus dudas y me gusta tu fotma. Precioso Mayde.

Un besazo.

reltih dijo...

con razón tantas letras para tu pequeño, es qué es todo un galán de cine.
un abrazo

Marita dijo...

Precioso Mayde...expresa con alegría todo el amor que sientes por tu hijo...un beso

Carmela dijo...

A quien se quiere mas que aun hijo?
Preciosa dedicación.