domingo, 23 de mayo de 2010

Deshilacharse ahora....



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A veces deshilachamos nuestro tiempo, nuestra duda, deshilachamos los hilos en hebras muy finas, diminutas... Deshilachamos la soledad instantánea y la falta de coherencia y la cordura, y también deshilachamos al hombre niño, a la niña mujer que aún no crece, al ser sentir y al ser humano, que solo busca que lo adoren y que lo acunen y lo comprendan y a las cosas que casi nos duelen de tanto absurdo deshilache...


Ahora yo: deshilacho mis manos, las manos que no sabrán de tu piel, que se posarán dentro de un rato entre los huecos de tu nada, como pequeños topos ciegos de luz escondidos tras mi nuca. Y me pregunto cuantas veces me han querido más de lo necesario, más de lo que se debe y se puede y mucho menos de lo imprescindible, pero no sé ni atino a comprender aún ¿por qué? más de lo necesario cuando yo no lo he pedido, ¿por qué? menos de lo imprescindible cada vez que me ha faltado.
Y en esta madeja absurda de deshilaches, que me enreda y me puede, que me quita el sueño de la mirada, que es sólo un ego maldito y envenenado, que viene a mi como falsa moneda que traiciona, que se hace un ser extraño, con poderes clari oscuros, que me habla de perderlo todo, sin ni siquiera haber apostado aún y me pregunta en que lugar escondes tú a “esa”, tu bendita esperanza. Esa a la que te abandonas y te abrazas mudo y sin mí esta noche detrás de la puerta oscura que acabas de cerrarme.

Y sé que mañana, cuando amanezca, aunque el cielo esté nublado, aunque llueva cuatro ratos, aunque sea este el último escrito que abraza la noche con el día y el día con la nada (sin que lo leas), tal vez ya no nos quede apenas tristeza, ni cansancio en el cuerpo que nos ahuyente las ganas. Y si acaso amanece bonito, tú: volverás a ser mi ego del hombre sol y yo seré solamente caminar, brisa y duna: mujer de aire. Volveré a volar cuando tu humo me envenene, volveré a volver cuando me tumbes, y a levantarme suavemente, a danzar casi sin aire, a mezclarme contigo sin ser la carga pesada, sin cercar tus manos entre las mías, para que no se te haga extraño ni demasiado largo el tiempo que nos una.
Y así no necesites correr en vano, buscar otros sueños sin alas, u otra libertad que no sea la del aire.
Y así a mi no me falten más los besos y las verdades y a ti no te falte la paz y la sonrisa y a ninguno de nosotros le sobre el silencio.

El tiempo se desvanece lentamente ahora, las luces son amarillas en esta sala, el ruido permanente de la calle me está recordando que no es esta mi calle, la que me duerme otras noches,  tan lejos de ti.


Madrid es Madrid y aquí nunca hay silencio ni mar cercano como en mi casa y esta pluma que me escribe ahora tristezas y carencias llegó a Madrid para escribirme solamente un sueño como el mío, un detalle como el mío, un beso como el mío, un deseo cómo antes fuera el nuestro, y más hambre de amor, y de viento y más hambre de nosotros y de ahora.
Y yo ya no creo en los héroes, ni en la magia, ni en los hombres felices, ni en el amor sincero vertido entre veinte o treinta frases de correos electrónicos. Sólo creo en el sueño que me puede y revuela sobre mis cejas para cerrarme los párpados, sólo en el que me quiere bostezando y dormida de una vez aunque no vayas a venir para abrazarme.


Y hay pequeños laberintos que no me dejan ver el bosque más negro de mis temores y no es porque necesite del abrazo de tu alma y no es porque necesite del descenso de tu lengua sobre mis carnes y no es porque necesite del tacto de tus labios justo ahí... donde llegaste a abrazarme y hacerme fuego y mar.
Es porque he necesito el abrazo de tus brazos en este cuerpo para dormirlo, y no has estado, y porque he necesito del beso de tus labios en los míos para hacerlos sueño que me duerma y no has estado, y es porque has cerrado la puerta y ya casi duele Madrid de tanto amarillo y tanto humo y me huele el alma humo y sin embargo necesito seguir fumando.


Y soy yo la que deshilacha ahora, la que recorre la piel y la línea sin nombre hasta el alba, la que hace de esta noche un mundo de palabras que la sostengan, un querer a mi manera que me acompañe, un querer diferente que me dibuje ilusiones y un acaso que logre que me duerma, y me arrulle, y me sea y me transporte a otro mundo y tenga en él lo tierno y lo sincero, lo auténtico y lo humano para que al despertar mañana no me sienta tan pequeña y tan desnuda de todo, aquí hecha una madeja, deshilachando hebras del viento sobre tu cama, mientras tú pasas la noche detrás de la puerta,,
tú que tanto abres y tanto das y tanta hambre y tanto pan y tanta soledad deshilachada.


mayde molina

3 comentarios:

Laura Caro dijo...

No está mal deshilacharse, si luego se construyen tejidos nuevos.
Un abrazo ENORME y madrileño, que Madrid no es todo decepción.

Mayde Molina dijo...

Gracias Laura, un abrazo inmenso de mar :)

mis largos pies dijo...

Y esto también me gusta mucho.