miércoles, 26 de mayo de 2010

Nieve



Todo empezó hace tres noches, cuando tú te marchaste dejando un mar de silencios bajo la almohada y una escarcha muy fina pegada a mi piel.


Ese día empezó a caer la nieve; una nieve blanca blanda y helada que nacía de mi mente y se esparcía dejándome la cama toda cubierta de invierno.
No quise darme cuenta de nada, pensé que sólo era un mal sueño. Miré por la ventana: en la calle la gente vestía de colores, los niños corrían con sus sandalias puestas y hasta vi a alguna muchacha con minifaldas.

Sonreí apenas un instante, sentí mis labios desquebrajarse, mi nariz y mis orejas heladas. Sentí mi corazón acelerado y al posar mis manos sobre el pecho, me di cuenta, de que mis senos también eran blancos y estaban cubiertos de pura nieve. El frío me traspasaba a través del ombligo y al tumbarme sobre la cama mi vientre era una cima nevada. Sentí que iba a morir congelada, traté de salir de casa inútilmente, los copos más gruesos que había entre los dedos de mis pies me impedían calzarme los zapatos y allí donde yo iba pisando descalza y aturdida, se hacía un charquito de agua resbalada.

Llevo ya tres días sin salir de casa, no sé que más ponerme encima para no sentir este maldito frío pegado a cada espacio de mi ser. Hoy me ha llamado una buena amiga; me ha dicho que te ha visto por la calle, que tú también ibas vestido de soledad y de invierno.

Vuelvo a asomarme a la ventana, el mundo sigue vistiéndose de primavera, no cabe la menor duda, la nieve sólo vive dentro de mi cabeza, lleva días sin llover y reina un sol sin nubes y sin embargo hay nieve, nieve que nadie más que yo puede ver allí escondida, poblando las copas de los árboles.

Hoy ya no voy a soñar que me llamas o que regresas a mi lado, hoy voy a pedirte que lo hagas. Voy a quitarme los guantes de lana para escribirte esta carta, para pedirte que perdones cada una de mis dudas, de mis injurias, de mis niñeces absurdas y de mis lamentos, porque te necesito sin nieve y sin silencio junto a mi cuerpo, porque no puedo vivir ni un día más en esta falsa blancura.

Hoy voy a suplicarte que vengas, que te quites ese disfraz de invierno, que te desnudes como yo ahora, porque estamos casi en junio, porque vida solamente tenemos una, porque aún te amo con todas mis fuerzas, porque te extraño demasiado, porque sé que hoy tú también te has despertado pensando en mi


y porque a los dos nos está doliendo el alma de tanta nieve


mayde molina



Imagen árbol con nieve de Josep Tomàs "Thundershead" en Flickr:
http://www.flickr.com/photos/thundershead/3263614694/sizes/l/in/set-72157613457019167/

1 comentario:

Laura Caro dijo...

Qué triste, Mayde. Es una preciosidad de escrito, pero muy triste. Te deseo que el sol derrita tu nieve y que ya nunca más tengas frío.
Cuídate.
Un beso.