domingo, 6 de marzo de 2011

Palabras pequeñas...

Niña mariposa



No consigo escribir ni una línea coherente, figúrate que fiebre…
Me duele la cabeza, me arde la garganta y hasta me cuesta tragar el agua.
Y sólo pienso en cuando era niña y  aún con anginas, con casi 40 de fiebre, comía galletas María mojándolas en leche, porque creía que así tendría muchas fuerzas y me recuperaría antes para volver a jugar a volar.
Pero luego lloraba y lloraba hasta que me dolía aún más la garganta y se me hinchaban completamente los párpados. Lloraba porque no me dejaban salir a la calle o ir a patinar veloz como el viento, abriendo en cruz los brazos, que era casi como estar volando sobre el asfalto.
 _¡Pero si me he comido todas las galletas y ya tengo muchas fuerzas!_ le decía a mi madre protestando entre mocos y lágrimas

Recuerdo que ella solamente me abrazaba, me miraba triste, aunque su rostro sonreía y me decía:
_ Cuando no tengas fiebre ya saldrás, cariño.

Entonces llamaba a mi abuela, para que viniese a verme y a jugar conmigo toda la tarde. Y ella venía y me cuidaba, se inventaba cuentos para mí y me divertía mucho más que sí jugaba con mis muñecas o con mi hermano pequeño a cualquier cosa. Porque con ella yo vibraba, era feliz y me curaba mucho más rápido, porque me curaban sus cuentos y sus manos e imagino que  también  un poco las galletas… Y otra vez a la calle y a volar y a crecer soñando.

Maldita sea, toda la infancia  comiendo  esas galletas María como un saco sin fondo, para que aún a mis años vuelvan a torturarme de vez en cuando las anginas, ahora que ya no me curan ni siquiera los cuentos.

Pero figúrate que absurda, esta nostalgia mía,  cuando estoy un poco enferma, de querer volver a ser niña y no tener que contener ni una sola lágrima. No tener que comprender el mundo a la manera adulta, queriendo dar respuesta a porqueses y preguntas, que nadie, nadie sabe cómo explicar. 
No tener que esconder mi llanto o mi ternura o mis pequeñas fantasías, no tener que esperar a que me lo cuente todo mi madre abuela, para que yo lo comprenda mejor y sonría y llegue a ser más fuerte o más valiente en la vida.

Y sentirme protegida, aquí en casa, oculta y diminuta, entre mis cuatro paredes y mis nostalgias de infancia. No querer entender ni tolerar la hipocresía, ni la falta de amor, ni la mentira, no tratar de averiguar lo extraño que se me hace tantas veces  el laberinto de lo humano.  

No tener que enviarte mis palabras pequeñas volando en una carta, para que tú me comprendas al leerlas, cuando no me cabe la tristeza en un poema...
 No tener que imaginarme, como si fuese solamente un sueño mío,  sentada en tus rodillas, sino estar en ellas, sobre ti y en ti, mirándome en tu dicha, siendo la niña o la mujer que cobra vida, ahí en las niñas de tus ojos, y dejarte ser niño de piel y sentimiento entre mis brazos, dejarte ser hombre al mismo tiempo y  dulce y  fuego entre mis labios y pedirte que me cuentes al oído y a tu modo los secretos…
Porqué nos dejo solos la distancia tanto tiempo, porqué justo ahora que volvemos a tenernos, volvemos a sentir tan de verdad las alas, a creer que volar es de verdad, que vivir es de verdad, que amar es mirarte y saber que estás y comprender mejor lo que no tiene explicación alguna junto a ti…

Y besar juntos las memorias de nuestras madres- abuela y abrir la caja de galletas y jugar con los retales de inocencia que aún nos quedan tan intactos…



2 comentarios:

Leonel dijo...

inevitablemente este texto me conmovió, ya lo sabes verdad?
Un abrazo.
Leo

angelcifu dijo...

Terríblemente sobrecogedor, y te confieso que yo sigo desayunando con galletas maría (Dorada Marbú a más señas) no se si porque hay en ellas algo de nuestra inocencia perdida...
Y a lo mejor no significa nada, pero quiero decirte que yo también lloro a lágrima viva cuando no entiendo el desorbitado ritmo y los precarios sentimientos que descubro en este mundo indómito y febril que nos acoge y despedaza según nos va correspondiendo, en su justa medida.

salud y nostalgias las justas,
vamos a mirar hacia adelante.