martes, 14 de junio de 2011

Un día, me hablaste de tu libertad...


Un día, me hablaste de tu libertad…
La libertad que tenías, la libertad que perdías, la libertad que decías ibas a entregarme, si vivíamos algún día bajo el mismo techo.
Pero yo, no quiero eso. Yo nunca he atesorado libertades de nadie.

Me basta con la mía...
Ella es mi guía, mi faro encendido, mi lumbre, mi camino, la voz que me acompaña y hasta sueña: que siempre ha de vivir dentro de mí. 
Bastantes jirones nos va tomando de de ella, la insana sociedad que nos desola.
Pero el amor no, él nunca debería hacerlo.
El amor nos pide libres y libre se nos da a cambio del mismo. 
Somos porque él es.
A veces soy tu piel y no me perteneces, soy tu casa y todas mis ventanas permanecen abiertas. Y cuando a mí acudes: me inundas, me meces, me tienes; en mí te reconoces y sólo somos uno.

Entonces soy dichosa, porque sé que es amor lo que bebo en tu boca, amor lo que entrego y amor el verbo que te nombra. Amor es la norma,  que nos toma y sostiene incluso en medio de la nada.
Es él la llama que nos besa y nos llena, con sus manos repletas de vida. Es él quien nos sana, nos solea, nos amansa, nos levanta y enraíza a un mismo sueño nuestras causas.
Somos: porque él es.
Libre eres y soy, porque así debe serlo. 
Porque así es como debemos tenernos.
Y sabernos: desnudos de tiempo, sin miedo, sin cárcel, sin culpa, sin condena.
Y este amor, que nos llama, que amor nos hace y nos anda,
jamás ha de quebrar nuestras alas. 


"mujer de aire"